Mientras lo decía, su rostro mostraba una expresión de total seguridad.
Sin embargo, Rosalinda, la única hija de Keira, intervino:
—Izan, ¿no escuchaste que la heredera de los Palma brilló en su fiesta de bienvenida? ¿Por qué estás tan seguro de que ya descartaron a Higinio?
Izan bufó con desdén.
—Claro que lo escuché. Solo compuso una canción original en el momento y la tocó en el piano. Esas son las típicas monerías que hacen las herederas para atraer a los jóvenes ricos y casarse. ¿Qué tiene de especial? Al final, no es más que un adorno inútil. El abuelo parece que la halaga, pero en realidad solo está consolando a Higinio.
Héctor, el hijo mayor de Víctor, también estuvo de acuerdo:
—Con la condición actual de Higinio, ninguna de las grandes familias de Solara querría casar a su hija con un lisiado. Conformarse con esta heredera que trajeron de un pueblo es, en el mejor de los casos, una forma de salvar el poco orgullo que le queda.
Dicho esto, se giró hacia su hermano menor, Noé.
—¿No crees?
Noé estaba ocupado en su celular, dándole dinero a una influencer en una transmisión en vivo. Al escuchar a su hermano, asintió sin levantar la vista.
—Mi hermano tiene razón.
Héctor lo miró con fastidio.
—¡Eres un derrochador! ¡Todo el dinero que ganas te lo gastas en estas influencers!
Noé se rio.
—¿Y qué importa? Papá y tú ganan tanto dinero que lo poco que yo gasto en ellas no nos va a dejar en la ruina. Además, esta vez Higinio no será el heredero. Al final, serás tú, hermano, el que se quede con todo.
Al oír eso, Izan, que estaba enfrente, frunció el ceño, molesto.
—Héctor, Noé, no hablen tan a la ligera. ¿Acaso no me toman en cuenta?
Noé seguía sin apartar la vista de la pantalla.
—Izan, ¿no te das cuenta? Lavinia está de nuestro lado.
Su instinto le decía que la heredera de los Palma tenía verdadero talento.
Si Higinio se casaba con ella, sería un gran apoyo, no una señal de que el abuelo lo había abandonado.
En fin, lo mejor era observar en silencio la fiesta de esa noche y no meterse en las peleas internas de la familia para no salir perjudicada.
—Por cierto, los invitados ya están llegando. ¿Por qué Higinio y la heredera de los Palma no aparecen? —preguntó Silvia, la hermana de Izan, mientras miraba el bullicio en la entrada del salón.
—Hay que ser comprensivos —dijo Noé en tono burlón—. Higinio tiene las dos piernas rotas, solo puede moverse en silla de ruedas. Y empujar una silla de ruedas es más lento.
Silvia soltó una risita.
—Qué gracioso eres.
Noé finalmente dejó su celular y dijo con una expresión de regodeo:
—¿Saben qué regalo le traje a Higinio para su compromiso?

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