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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 357

Fátima, con el rostro encendido de ira, apuntó a Doris con un dedo pintado de rojo brillante.

—¡Mientes! ¡Claro que envenenaste a Riki! —gritó, fuera de sí.

Ante la acusación, Doris se encogió de hombros, con una expresión de total inocencia en sus ojos claros.

—Si mi tía no me cree, puede llamar a un médico para que revise a Ricardo y vea si de verdad está envenenado.

Mauro, con el semblante sombrío, ordenó con voz gélida:

—¡Entonces llamen a un médico para que lo revise!

Al oír que llamarían a un médico, Ricardo mostró una expresión de apuro.

—Abuelo, no servirá de nada. El veneno que me dio Doris es muy extraño, los médicos no pueden detectarlo.

Al escucharlo, el rostro de Mauro se endureció aún más.

—Si no pueden detectarlo, ¡significa que no estás envenenado!

Rosalinda, que había venido a la mansión Palma para complicarle las cosas a la familia de Julián, comentó con sarcasmo:

—¡Exacto, señor Palma! ¡Está claro que solo buscan excusas para librarse de la culpa!

Ricardo se apresuró a explicar:

—No es eso, abuelo. De verdad estoy envenenado, pero no sé qué tiene el veneno que me dio Doris, simplemente no se puede detectar. Pero sí tengo ataques, así que…

Fátima, al ver que la situación empeoraba, se apresuró a intervenir.

—Papá, cálmate. Al fin y al cabo, a Tatiana no le pasó nada…

Al oír esto, la anciana Raquel Lara estalló en furia. Sus ojos, llenos de autoridad e ira, se clavaron en ella.

—¡¿Que a mi hija no le pasó nada significa que podemos hacer como si nada?! ¡El secuestro de mi hija requiere una explicación hoy mismo! ¡Y si no la dan, aténganse a las consecuencias, porque usaremos los mismos métodos con ustedes, solo que el castigo será diez, cien veces peor!

Julián, con el rostro pálido, permaneció en silencio. Solo miraba a su padre, esperando que, por ser su hijo, lo salvara.

***

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