Viendo que los cinco hermanos de Tatiana realmente iban a cortarle los dedos por la fuerza, Julián, sin otra opción, le pidió a su esposa Fátima que llamara al médico de la familia. Luego, tomó el cuchillo sin filo que estaba a su lado, lo apuntó a su dedo meñique y, apretando los dientes, cortó con todas sus fuerzas.
—Sss…
Como el cuchillo estaba muy desafilado, el primer corte apenas logró rasgar la piel y un poco de carne.
Aun así, el dolor le hizo soltar un quejido y casi se desmaya. La mano que sostenía el cuchillo se aflojó.
Fátima no pudo soportar verlo. Con los ojos llenos de lágrimas, negó con la cabeza.
—Julián, ya no lo hagas…
Raquel dijo con una sonrisa fría:
—Si él no lo hace, ¡lo harás tú por él! Son marido y mujer, ¿no? ¡Pueden compartir las desgracias!
Al oír esto, Fátima se quedó sin palabras. Miró el cuchillo en la mano de su esposo e imaginó el dolor que sentiría si estuviera en su propia mano.
Amaba a su esposo y no soportaba verlo sufrir así, ¡pero tampoco tenía el valor de sufrir ese castigo en su lugar!
Ricardo pensó en dar un paso al frente y decir que él lo haría por su padre, pero al intentar moverse, recordó que ya tenía una pierna inútil.
Si además perdía un dedo, su cuerpo estaría verdaderamente destrozado.
Finalmente, desechó la idea.
De repente, a Fátima se le ocurrió algo. Levantó la vista hacia Carolina, que permanecía en silencio junto a Ricardo, y le dijo con urgencia:
—Carolina, ¿qué te parece si te cortas un dedo tú en lugar de tu padre?
El cuerpo de Carolina se puso rígido. Si no fuera por el cubrebocas, todos habrían visto la expresión de asco en su rostro.
«¿Qué me parece?».
«¿De qué está hablando?».
¡Esa vieja loca quería que ella se cortara un dedo en lugar de Julián!
Doris soltó una risa burlona, pero no dijo nada. Apenas iban a cortar un dedo de Julián y la familia ya se estaba desmoronando.
Qué ridículo.
Rosalinda no pudo evitar comentar:


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