Al ver la situación, Oriana por fin dejó salir su descontento:
—Mauro, hace un par de días tu nieta Doris fue a mi casa, a la casa de los Carrasco, ¡y golpeó a mi hijo! Tu nuera me juró y perjuró que haría que Doris se disculpara con nosotros, pero viendo cómo están las cosas, me temo que no tienen ni la capacidad ni las agallas para cumplirlo. ¿No crees que tú, como cabeza de la familia Palma, deberías darnos una explicación?
Al escucharla, Mauro negó con la cabeza.
—A partir de hoy, he decidido que la familia Palma quedará a cargo de mi nieta Doris. Así que, si ustedes, los Carrasco, insisten en llevar esto hasta las últimas consecuencias, hablen directamente con ella. Yo ya no decido aquí.
Julián, hundido en su dolor, reaccionó al instante. Si el viejo no le iba a dejar una salida, ¡él tampoco tenía por qué andarse con miramientos!
La decisión de Mauro dejó a Oriana perpleja por un momento. Cuando se recuperó, una sonrisa de desdén se dibujó en su rostro.
—¿De verdad tienes la confianza para dejar una familia tan grande como la de los Palma en manos de una escuincla que no sabe nada de la vida? ¿No te da miedo que se la pase ofendiendo a todo el mundo y hunda a la familia en dos patadas?
Frente al cuestionamiento y la burla de Oriana, Mauro tosió un par de veces y respondió sin prisa:
—Aun así, es mejor que este viejo que ya está con un pie en la tumba, y ni hablar de mi segundo hijo, que es un bueno para nada que solo sabe echarlo todo a perder.
En cuanto a su hijo mayor, Felipe, era evidente que él prefería cuidar de lo suyo y no se metería en problemas; era imposible que aceptara tomar las riendas de la familia.
Confirmando que el viejo había tomado una decisión definitiva, Julián miró a Doris con un rencor que no podía ocultar. Apretó los puños y, con una voz débil pero cargada de ferocidad, dijo:
—Papá, parece que Fátima tenía razón. O te hicieron brujería o Doris te dio un brebaje. ¡Voy a tener que llamar a alguien para que te revise!
Mauro frunció el ceño, con el rostro endurecido.
—¡Qué brujería ni qué brebaje! ¡Son puras tonterías!
—Si te hicieron algo o si Doris te está controlando, lo sabremos con una revisión —dijo Julián con una expresión sombría—. Por suerte, fui precavido y le pedí a Fátima que se preparara. ¡Si no, papá, de verdad ibas a destruir el patrimonio de los Palma!
Podía soportar perder un dedo, pero que todo el patrimonio de la familia Palma cayera en manos de Doris, ¡eso jamás lo permitiría!
—¿Ya llegaron todos? —preguntó Julián.
Fátima asintió.
—Ya llegaron.
—Que entren.

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