—Puede que tengas razón, pero es mejor que quedarse aquí esperando a que la empresa quiebre y nos despidan. Al menos allá podríamos asegurar algo de dinero, y si hacemos un buen trabajo, tal vez nos dejen quedarnos.
—Yo ya decidí que me voy. En la reunión de esta mañana, las promesas de la nueva directora sonaban demasiado buenas para ser verdad. No creo que tenga lo que se necesita. Ustedes hagan lo que quieran.
Los demás volvieron a guardar silencio.
—Señorita Palma, ¿qué hace aquí parada? —la voz de Jael interrumpió la escena.
Los empleados se pusieron nerviosos al instante y agacharon la cabeza hacia sus teclados. ¿Los habría escuchado?
Pero enseguida, los que ya habían decidido marcharse pensaron: «¿Y qué si nos escuchó? De todas formas, nos vamos».
—Nada, escuchando conversaciones ajenas —dijo Doris con una sonrisa.
—¿Ah? —exclamó Jael, confundida.
Doris entró en la oficina y recorrió con la mirada a todos los empleados presentes.
—Quien quiera renunciar, puede entregar su solicitud directamente a Jael hoy mismo.
Dicho esto, se dirigió a su oficina sin añadir nada más.
Fue entonces cuando Jael notó las expresiones extrañas en los rostros de muchos de los empleados.
—¿Quieren renunciar?
Nadie respondió.
—Jael, ¿recibiste el correo de Estudios Universo Único? —preguntó Rodrigo, del departamento de relaciones públicas.
Jael se dio cuenta entonces de que no era la única que había recibido la generosa oferta de Estudios Universo Único.

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