Pero a Doris no le importó en lo más mínimo y continuó con su burla: —Solo llamaba para felicitarlo, señor Carrasco. Esta noche se hizo viral gracias a un video con su tío, permitiendo que miles de internautas admiren su belleza y su cuerpo perfecto. Sin mencionar que le alegró la vista a toda la comunidad gay.
—¡Doris! —rugió él al otro lado de la línea.
Ella soltó otra risita antes de añadir: —Señor Carrasco, la última vez que fui a su casa a buscar a mi tía Andrea para que se arrodillara y me pidiera perdón, se lo dije a Oriana: conozco todos sus secretos. No me provoquen, o haré que la familia Carrasco termine como la de Julián, en la ruina y sin nada.
Dicho esto, y sin darle tiempo a reaccionar, colgó.
Doris podía imaginar lo furioso que estaría Damián después de recibir su llamada de provocación.
«Perfecto», pensó. Justo el efecto que buscaba.
***
Nueve de la noche.
Bajo el manto de la oscuridad, Patricio conducía hacia la casa de Noé. Apenas se acercaba a la entrada, una figura fue arrojada desde el portón de hierro como si fuera basura.
Patricio aguzó la vista y reconoció a su hermano mayor, Ricardo.
—¡Si te vas a morir, que no sea en mi casa! ¡Qué mala suerte! —gritó Noé desde el interior, con los brazos cruzados y una expresión de asco.
Al ver la escena, Patricio frenó en seco, abrió la puerta del carro y corrió hacia Ricardo, que yacía en el suelo.
—¡Hermano! —exclamó con angustia.
Ricardo estaba cubierto de polvo y suciedad. Su rostro, antes apuesto, ahora estaba lleno de moretones de distintos tonos, como si hubiera recibido una paliza brutal.

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