Felipe, que ya se lo esperaba, comentó: —Era de esperarse. Esa familia no se dará por vencida tan fácilmente después de ser expulsada de la residencia Palma. Harán lo que sea para que Doris los perdone y poder volver.
Después de tanto tiempo juntas, Tatiana no dudaba de que Doris no cedería, pero le preocupaba que los fans más radicales de Patricio pudieran causarle problemas.
Muchos de esos seguidores eran menores de edad, y no era conveniente que 001 tuviera que intervenir con mano dura.
—Mi plan original era forzar la rescisión de su contrato con Entretenimento Estrela y no volver a tener contacto con él —dijo Doris con indiferencia—. Pero vista la situación, creo que es mejor congelar su carrera en la empresa para que no vuelva a tener ninguna oportunidad. En el mundo del espectáculo, el público cambia de ídolo cada dos por tres. En poco tiempo, nadie se acordará de Patricio.
—De acuerdo —asintió Tatiana—. Solo ten mucho cuidado.
Tras el desayuno, Doris salió de la residencia Palma conduciendo su carro.
De repente, una figura salió de la nada y se paró justo delante de su vehículo.
Doris pisó el freno. Al mirar con atención, vio que era Patricio.
Ya no quedaba rastro de la arrogancia que mostraba cuando lo conoció. Su rostro reflejaba un profundo agotamiento, y su barba de varios días le daba un aspecto descuidado.
Sostenía una bolsa en la mano y la miraba con una mezcla de ansiedad y expectación.
—Doris, buenos días.
Su voz era ronca, como si no hubiera dormido en toda la noche.
Y, en efecto, no había pegado ojo. Después de llevar a Ricardo al hospital y avisar a su madre para que lo cuidara, había regresado a la residencia Palma y había esperado toda la noche frente a la entrada, con la esperanza de poder ver a su hermana.
—Te traje el desayuno…

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