En ese momento, un empleado del departamento de publicidad levantó la vista de su computadora.
—Acabo de leer un rumor. Se dice que Estudios Universo Único ha preparado trescientos millones de pesos para comprar los derechos de *Horizontes de Gloria*. ¡Parece que van con todo!
—Estamos acabados —suspiró uno de los empleados—. La situación es crítica y nuestra nueva presidenta parece haber perdido la cabeza. Mejor vámonos preparando para buscar otro trabajo.
Como ya era la hora de salida, los empleados comenzaron a recoger sus cosas y a marcharse.
***
Doris, en su oficina, revisó detenidamente los informes de los empleados. Basándose en el desempeño de cada uno, diseñó un plan de bonos por rendimiento para incentivar a los que quedaban a trabajar más duro y mejorar los resultados.
Una vez terminado, le envió el documento a Jael con una nota:
[Se implementará a partir del próximo mes, después del Día de la Independencia.]
Cuando terminó, apagó la computadora y se disponía a regresar a casa cuando recibió una llamada de un número desconocido.
Le resultaba familiar. Era el número personal de Damián.
Apenas dos noches antes lo había llamado para provocarlo.
Doris contestó y se acercó a la ventana, observando a los empleados que salían del edificio en pequeños grupos.
Del otro lado de la línea, se escuchó la voz fría de un hombre:
—Doris.
—Vaya, señor Carrasco. ¿Qué se le ofrece? ¿Me llama para rendirse?
—Esa debería ser mi línea. Si accedes a unirte a mí y me ayudas a acabar con Higinio, la familia Carrasco está dispuesta a olvidar lo que le hiciste a mi tío.
—¿Acaso el video con su tío lo dejó mal de la cabeza? ¿Me llama para pedirme que me una a usted? —dijo Doris sin rodeos—. ¿Por qué dejaría al hombre más guapo de Solara por el eterno segundón?
—Doris, no tientes a la suerte. ¡Yo, Damián, nunca le doy una segunda oportunidad a quien me ofende!
Incluso a través del teléfono, Doris podía imaginarse a Damián apretando los dientes. Continuó con su ataque:

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