—Pero ya es muy tarde —insistió Tatiana, todavía inquieta—. Si estuviera bien, nos habría avisado.
Tatiana volvió a tomar su teléfono y marcó el número de Doris.
—Sigue sin contestar. Parece que de verdad le pasó algo. No, tengo que ir a preguntarle a Fátima.
¡Si algo le pasaba a Doris, no se lo perdonaría a Fátima!
* * *
Cuando Tatiana y Felipe llegaron a la puerta de la villa del ala oeste, se encontraron justo con Fátima, Julián, Patricio y Carolina, que salían de la casa.
—Vaya, ¿mi hermano mayor y mi cuñada vienen a buscarnos? —dijo Fátima con sarcasmo—. Qué oportuno. Justo íbamos al salón ancestral para romper relaciones con Doris. ¿Por qué no nos acompañan?
—Fátima, ¿fuiste a buscar a Doris al mediodía? —la interrogó Tatiana.
Al ver que Tatiana la llamaba por su nombre con tanta furia, Fátima se sorprendió.
—Sí, ¿y qué? Solo le di una oportunidad para que nos reconociera.
—Doris ha desaparecido. La llamamos y no contesta —dijo Tatiana—. ¿Le dijiste o le hiciste algo?
—Cuñada, ¿qué quieres decir con eso? ¿Qué tengo que ver yo con que haya desaparecido? ¿Acaso sospechas que la secuestré? —replicó Fátima, molesta.
Al oír que Doris había desaparecido, un destello de alegría cruzó por los ojos de Carolina.
«Si todavía no ha vuelto a la casa de los Palma, parece que mi hermano Ricardo le dio una buena lección a esa salvaje. ¡A ver si se atreve a desafiarme de nuevo!».
—Tía, ¿qué es eso de que desapareció? —dijo Patricio con desdén—. ¡Yo creo que se arrepintió y no quiere firmar el acuerdo para romper relaciones! Ja, ayer hablaba con mucha seguridad, ¡y hoy parece que se echó para atrás!


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