Felipe rodeó a Tatiana con el brazo y miró a Julián.
—Julián, antes solo me importaba Tatiana, así que nunca me molesté en pelear contigo por nada de la familia. Te lo dejé todo a ti y a tus hijos. Pero ahora veo que, como dijo Doris, no se lo merecen. De ahora en adelante, lucharé por recuperar todo lo que me corresponde de la familia Palma y se lo dejaré a Doris. ¡No volveré a cederles nada!
Julián no pudo evitar reírse.
—Qué chiste. Hermano, si no puedes competir, no puedes y ya. No digas que nos dejas las cosas. Ni siquiera tienen un hijo, ¿con qué van a pelear contra nosotros? ¿Con una hija que nosotros abandonamos? Hermano, llevas demasiado tiempo viviendo una vida tranquila, ya no sabes ni en dónde estás parado.
Justo en ese momento…
—Vaya, y tú, tío, ¿en dónde estás parado? ¿A medio camino?
La voz desafiante de una mujer interrumpió la conversación.
Tatiana y Felipe se giraron y vieron a Doris, sana y salva. Corrieron hacia ella a toda prisa.
—Doris, ¿dónde estabas? ¿Estás bien? Te llamé y no contestaste, me tenías muerta de preocupación. —Tatiana la sujetó por los hombros y la examinó de arriba abajo, temiendo que tuviera el más mínimo rasguño.
Doris sonrió.
—Estoy bien, mamá. Llevo tres días en Solara y quise salir a dar una vuelta. Se me fue el tiempo.
Tatiana la revisó de pies a cabeza y, al confirmar que no estaba herida, suspiró aliviada.
—¿Y por qué no contestabas el teléfono?
—Se me cayó por accidente —dijo Doris, con resignación.
Se le había caído cuando Ricardo se la llevó.
No se dio cuenta de que había perdido el teléfono hasta que se separó de Higinio y venía de regreso. Se imaginó que sus nuevos padres estarían preocupadísimos, pero nunca pensó que llegarían a tal extremo por ella, yendo directamente a pedirle cuentas a la familia de Julián y Fátima.
Con tanta entrega, era muy difícil no quererlos.
—Qué bueno que estás bien, qué bueno que estás bien —repitió Tatiana, aliviada.
Carolina, en cambio, no pudo evitar fruncir el ceño.
«¿Qué pasó? Mi hermano Ricardo se la llevó personalmente. ¿Cómo es posible que haya vuelto ilesa? ¿Acaso Doris lo convenció y no se atrevió a hacerle daño a su hermana biológica?».
A Fátima no le gustó verlas en ese plan de madre e hija tan cariñosas frente a ella.
—Ahí la tienes, tu hija ha vuelto. No le ha pasado nada —resopló—. Tatiana, ¿vienes a buscarme para pedirme cuentas sin ninguna prueba? ¡Qué ridícula!

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida