Al ver la determinación en el rostro de su padre, Doris no insistió más.
En el fondo, ella compartía su postura.
Para ella, la seguridad y el bienestar de su madre eran mucho más importantes que la incierta posibilidad de que tuviera un hijo.
—Entendido, papá.
Felipe apretó el volante con fuerza, respiró hondo y, con un tono que mezclaba resignación y seriedad, le pidió:
—Doris, espero que no vuelvas a mencionar el tema de tener un hijo con tu madre. De ahora en adelante, tú eres nuestra única hija.
—De acuerdo.
Como si recordara algo, Felipe cambió de tema.
—Se rumorea por ahí que Higinio no puede tener hijos. Si eso es cierto, tú…
Doris sonrió.
—Papá, yo puedo curarlo. Pero, siendo sincera, si yo quisiera tener un hijo y su condición fuera incurable, lo dejaría sin dudarlo.
Felipe se quedó de una pieza, sorprendido por la rapidez y la franqueza de su respuesta.
—Pero, por suerte para él, no es algo que me quite el sueño, así que no me importa.
Felipe no supo qué decir. Como padre, se sentía aliviado de que su hija tuviera la cabeza tan bien puesta.
Al menos, si se casaba con Higinio, estaba seguro de que Doris no se dejaría pisotear por nadie.
Lo que no sabía era si a Higinio le dolería conocer los pensamientos de su hija.
Al llegar a Entretenimiento Estrela, Doris se bajó del carro. La ventana descendió y su padre se asomó.
—Hoy saldré temprano para recogerte.
—De acuerdo.
—No es eso —aclaró Jael—. Las opiniones sobre el director Ramón en el país están divididas. La mayoría reconoce la alta calidad de su trabajo, pero a una parte del público no le gusta que siempre haga pequeños cambios en sus adaptaciones. Por ejemplo, si un personaje originalmente no estudiaba en el extranjero, él insiste en que lo haga. Cuando la gente se lo señala y lo acusan de enaltecer todo lo extranjero, él lo niega y dice que simplemente refleja la realidad, que los estudiantes más brillantes siempre se van a estudiar fuera.
Doris se encogió de hombros.
—Vaya, pues en ese caso, es mejor que no hayamos firmado con él. La verdad es que no confío mucho en el criterio de Ricardo.
—¿Eh? —Jael no se esperaba esa reacción y se quedó perpleja.
—Yo misma elegiré a otro director para que se encargue de la adaptación de *Horizontes de Gloria* —afirmó Doris.
Jael reaccionó.
—…Entendido. Entonces, no la interrumpo más, señorita Palma.
«¿Acaso la señorita Palma tendrá otro as bajo la manga?».
En la industria del entretenimiento actual, no había nadie más famoso o experimentado que Ramón. Los directores de su calibre tenían sus propios círculos y rara vez trabajaban con gente nueva sin una recomendación. Además, todos sabían que Entretenimiento Estrela estaba enfrentándose al señor Carrasco. ¿Qué director se atrevería a ayudar a la señorita Palma en estas circunstancias?

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