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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 508

Higinio bajó la mirada y sonrió levemente.

—Sí, no dejaré pasar ninguna posibilidad.

—Lo encontrarás. —Doris no dijo más y sonrió ampliamente—. A comer.

Al ver la sonrisa de Doris, Higinio también sonrió.

—Está bien.

Después de comer, Higinio se sentó derecho en su silla de ruedas, mirando fijamente a Doris mientras ella le aplicaba acupuntura.

De repente, un tono de llamada melodioso rompió el silencio de la habitación.

Higinio apartó la mirada, sacó su celular y miró la pantalla. Al ver quién llamaba, un destello imperceptible cruzó sus ojos. Apretó los dedos y deslizó para contestar.

—Abuelo —dijo Higinio con voz grave y suave.

Doris, que estaba concentrada en las agujas, levantó la cabeza al escuchar "Abuelo" y sus miradas se cruzaron.

Al otro lado de la línea, el anciano Enrique Villar preguntó:

—¿Está Dori contigo ahora?

La mirada de Higinio volvió a posarse en Doris y respondió:

—Sí, aquí está. ¿Qué pasa?

La voz de Enrique se escuchó a través del auricular:

—Pregúntale si tiene tiempo. Si está libre, que venga contigo esta noche a la residencia Villar.

—Está bien. —Higinio apartó el celular y dijo en voz baja—: Dori, el abuelo pregunta si tienes tiempo para acompañarme a la casa Villar esta noche.

Doris asintió.

—Claro, solo le aviso a mis papás.

Higinio asintió y volvió al teléfono para responderle a su abuelo.

—Dori está libre.

—Bien, vengan juntos en cuanto salgan del trabajo. —Dicho esto, Enrique colgó.

Al ver que Higinio dejaba el teléfono, Doris sintió curiosidad. Parpadeó y preguntó:

—Higi, ¿por qué tu abuelo querría que fuera contigo a la casa Villar específicamente? Qué raro, ¿no?

Higinio dijo:

—El abuelo no creerá solo en su palabra, y como ese veneno no se detecta, me temo que se irá con las manos vacías.

Doris sonrió con picardía.

—No solo se irá con las manos vacías. Pensaba darle solo una lección, pero viendo la situación, he decidido que no le daré el antídoto hasta que tú heredes la familia Villar de manera segura.

Luego agregó:

—¿Por qué no atrapas a Noé Villar algún día? También lo enveneno y así dejará de ser tan arrogante.

Higinio rió, estando de acuerdo.

—Es una buena idea. Busquemos una oportunidad para atrapar a Noé. Si los envenenamos, tendrán que obedecer si quieren seguir viviendo.

Al final, preguntó con curiosidad:

—Dori, ese veneno tuyo es impresionante. Siento que podrías hacer lo que quisieras con él, basta con envenenar a la gente.

***

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