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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 555

Higinio asintió.

—Sí, vamos directo para allá.

Al ver que Doris no traía su bolsa pequeña de siempre, sino una mochila grande, le brillaron los ojos y sonrió.

—Veo que vienes preparada para el interrogatorio.

Doris se puso la mochila en el regazo y le dio unas palmaditas.

—Claro. Con gente como él, hay que traer herramientas.

Pero luego añadió pensativa:

—Aunque calculo que con lo cobarde que es Rubén, no hará falta usar tanta cosa.

Higinio no comentó nada al respecto, solo dijo con calma:

—Como sea, ya pedí comida para que la lleven a la clínica. Comeremos allá antes de empezar.

Doris asintió con una sonrisa radiante.

—¡Me parece bien! ¡Hay que tener energía para trabajar!

Una hora después...

La clínica de reposo de Solara estaba en una zona apartada, tranquila y con edificios algo desgastados.

Como habían avisado, el director y las enfermeras los recibieron y los llevaron al comedor. Después de comer, los acompañaron personalmente a la habitación privada de Rubén.

Apenas llegaron a la puerta, Doris e Higinio oyeron ruido de cerámica rompiéndose.

—¡Zas!

—¡Gaspar! ¡Te dije que llamaras a mi hijo! ¿Estás sordo o qué?

Al oír la puerta, el doctor Gaspar y Rubén voltearon.

Al ver a su hijo, la cara de Rubén se iluminó de alegría. Casi saltó de la cama, pero las enfermeras lo sujetaron con fuerza.

—¡Higi! ¡Hijo mío! ¡Por fin viniste a verme! Vienes a llevarme a casa, ¿verdad? Mírame, desde que entré aquí estoy hecho una piltrafa. ¡Soy tu padre! ¿Cómo puedes tener corazón para dejarme sufrir aquí? —dijo Rubén con dramatismo.

Doris miró a Rubén en la cama y replicó sin piedad:

—Ahora sí te acuerdas que eres su padre, ¿verdad? Cuando mandaste a tus bastardos a hacerle daño, ¿no pensaste que eras su padre?

La cara de Rubén se oscureció y miró a Doris con odio.

—¡No digas estupideces! ¡Yo nunca quise hacerle daño a Higi! ¡Higi es mi orgullo! ¿Qué ganaría yo haciéndole daño? ¡Esas fueron tonterías que hicieron Álvaro y Gabriela por envidia!

Higinio le indicó a Manuel que empujara su silla de ruedas hacia adentro y dijo con frialdad:

—Hoy vine a darte una última oportunidad. Cuando cambiaste a mi hermano Álvaro por tu hijo bastardo, ¿a quién se lo vendiste?

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