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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 557

—Rubén, si no hablas ahora, no hará falta que hables nunca más. —La voz de Higinio era gélida, indiferente, como un juez del infierno, sin rastro de emoción.

Rubén, que estaba seguro de que su hijo no se atrevería a tocarlo, ahora estaba ahogado en el miedo. Se dio cuenta de repente de que ese hijo que siempre lo había tolerado se había vuelto un extraño cruel.

—¡Hablaré! ¡Hablaré! —gritó Rubén con dolor y desesperación—. ¡Pero prométeme que si hablo no me harás más daño!

La expresión de Higinio no cambió, seguía igual de fría, mirándolo con unos ojos que helaban la sangre.

—¿Crees que estás en posición de negociar conmigo? —Las palabras de Higinio fueron como una espada que rompió la última ilusión de Rubén.

Rubén se puso blanco. Sabía que no tenía salida. Temblando, dijo:

—No estoy negociando, te estoy rogando, Higi. ¡Solo te pido que, por ser tu padre, me perdones la vida!

En ese momento, Rubén entendió su situación. Ya no le importaba el estatus ni el dinero, solo quería seguir vivo.

Higinio guardó silencio un momento y dijo lentamente:

—Habla.

Rubén no se atrevió a tardar y, aguantando el dolor, dijo:

—Cuando entregué a tu hermano, se lo di a una mujer que se dedicaba a traficar niños. Le dije específicamente que lo vendiera lejos, lo más lejos posible de Solara, preferiblemente en un pueblo remoto del sur.

—Tú sabes cómo son en esos pueblos pobres, se mueren por tener un varón para continuar el apellido, así que seguro no le fue tan mal.

—No le fue tan mal... Rubén, qué atrevido eres. Podría haber tenido una vida de lujos desde niño, ¡y dices que no le fue tan mal! —Higinio apretó los dientes con furia.

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