Decidió que debía contarle a Higinio sus sospechas.
Manejó hasta Grupo Villar y fue directo a la oficina de presidencia.
Para su sorpresa, vio a una mujer de mediana edad en la oficina.
Estaba atada de pies y manos, tirada en el suelo.
Tendría unos cuarenta y tantos años, con el cabello ondulado y despeinado. Vestía un abrigo de leopardo provocativo, falda negra y botas largas por encima de la rodilla.
Doris caminó rápido al sofá, se sentó y miró a la mujer con duda.
—Higi, ¿quién es ella?
Higinio acercó su silla de ruedas a Doris y dijo con voz tranquila y fría:
—Dientona.
Doris se sorprendió.
—¡¿Ella es Dientona?!
Higinio, al ver la cara de Doris, preguntó:
—Dori, ¿conoces a esta tal Dientona?
Si la habían traído atada, significaba que Higinio ya la había investigado.
Parece que La Dientona y Doña Dientes sí tenían relación.
Doris se calmó y explicó:
—Sí, mis fuentes me dijeron que Damián tiene contacto con alguien llamada La Dientona. El nombre me sonó familiar y pensé en lo que dijo Rubén sobre Doña Dientes.
—¡¿Conocen a mi mamá?! —La Dientona, al escuchar el nombre "Doña Dientes" de boca de Doris, se quedó pasmada y preguntó casi a gritos.
Higinio la miró sin expresión y respondió con tono gélido:
—No solo la conocemos, tenemos cuentas pendientes de sangre. Te traje para cobrar venganza.
—¿Venganza? —La Dientona abrió los ojos como platos—. Usted es el gran señor Villar, ¿qué cuentas pendientes podría tener mi madre con usted?
Higinio soltó una risa fría, con una voz grave y opresiva:
¡Ese hombre debía ser Rubén, el padre de Higinio!
¡Rubén no daba la cara porque tenía miedo! ¡Miedo de que se descubriera que vendió a su hijo!
Al ver que La Dientona entendía, Higinio dijo fríamente:
—Así que ya debes saber para qué te traje.
La Dientona empezó a sentir terror.
—¡Señor Villar, de nada sirve que me tenga aquí, no sé dónde está su hermano!
¡Jamás imaginó que ese niño que causó la muerte de su madre fuera el hermano de Higinio Villar!
¡Con razón su madre murió tan feo!
¡Se metió con la gente equivocada!
Ahora que estaba en manos del señor Villar, ¿acaso terminaría igual de mal que su madre?
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