—¿Damián sabe que la persona que buscas es mi hermano? —preguntó Higinio.
La Dientona dudó. Quería mentir, pero ante la mirada profunda de Higinio, respondió con miedo:
—...Probablemente ya lo sabe.
Rápidamente explicó:
—¡Pero debe haberse enterado apenas! Ayer, cuando le pregunté por teléfono, se oía muy contento y me mandó diez millones de bono.
—En ese momento no entendí, pero ahora que lo pienso, Damián debe saber que busco a su hermano...
Higinio no dijo más.
Conque así era.
Damián se acababa de enterar.
En ese momento, Manuel, que esperaba a un lado, dijo:
—Joven, siguiendo la pista de La Dientona, descubrí otro secreto.
Hizo una pausa y dijo con cara seria:
—Esa supuesta escuela de etiqueta de La Dientona no es simple. Parece una escuela para que las mujeres suban de estatus y consigan marido rico, pero detrás hay un negocio sucio. Muchas chicas son obligadas a "intercambios".
Parece que La Dientona tenía que ver con lo que Sombra investigó sobre la droga que Damián usaba en mujeres.
Doris, con la mirada helada, miró a Higinio.
—Higi, supongo que no le sacarás más información sobre tu hermano. ¿Qué piensas hacer con ella?
Higinio preguntó:
—¿Por qué preguntas, Dori? ¿Quieres encargarte tú?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida