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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 611

Media hora después, el coche llegó a Entretenimiento Estrella.

Higinio sacó su teléfono y marcó el número de Doris.

—Dori, ya llegué. Te espero abajo.

—¡Sale! ¡Bajo enseguida!

La voz alegre hizo que Higinio sintiera como si sus oídos fueran acariciados; su humor mejoró de golpe.

Poco después, la figura de Doris apareció en la puerta principal del edificio.

Con pasos ligeros, como notas musicales saltarinas, corrió hacia Higinio.

Higinio pensó que Doris era como el primer rayo de sol de la mañana, cálida y brillante.

Doris abrió la puerta y subió al coche. Al ver las fiambreras y bebidas frescas en el asiento trasero, elogió:

—Vaya, el almuerzo ya está listo.

Higinio la miró con ternura.

—Sí, hoy aparte de mi terapia tienes que tratar a Ernesto. Temía que te diera hambre, así que pensé en traer la comida para que comieras en el auto.

Como el interior del coche era espacioso y los respaldos tenían mesas plegables, comer ahí no era ninguna molestia.

Pensando que tardarían más de media hora en llegar con Alexander, Doris dijo sin ceremonias:

—Va, tú también come.

Higinio sonrió complacido.

—Está bien.

Manuel, que conducía, miró por el retrovisor a su joven amo y a Doris comiendo con gusto. No sabía por qué, pero pensó:

«El joven amo es cada vez más sencillo. Usa un coche de diez millones para comer con su amada.»

—¿Damián ha hecho algo desde que adivinó que Alexander es tu hermano? —preguntó Doris.

Higinio le contó lo del "paquete exprés".

Doris dijo sin pensarlo:

Hablar con gente inteligente ahorra tiempo.

Doris asintió.

—Ahora, lo único que pueden usar contra ti es a tu padre Rubén y al señor Villar, quien decide si serás el heredero.

—Rubén ya es una pieza inútil para ti. Para derrotarte, la pieza del señor Villar es más efectiva.

Higinio sonrió.

—Si realmente atacan por el lado del abuelo, no es cosa de Damián. Suena más al estilo de Héctor.

—En fin, son suposiciones. Lo sabremos al ver a Alexander y Ernesto —dijo Doris, metiéndose en la boca un trozo de pescado sin espinas.

¡Qué rico!

Desde que llegó a Solara, cada día era una aventura intensa.

...

Al llegar al complejo de lujo donde alojó a Alexander y Ernesto, Doris e Higinio terminaron de comer. Higinio tomó la porción de comida que traía para ellos y entró con Doris.

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