—Entonces, ¿cómo puedo encontrarla? —preguntó Ricardo con urgencia. Si no podía librarse del veneno, estaría a merced de Doris para siempre.
Para él, eso era una humillación peor que la muerte.
—No sé cómo contactarla. Lo único que puedo hacer es avisarle la próxima vez que venga a subastar alguna de sus hierbas raras.
—Entiendo. Gracias, Francisco.
Ricardo colgó el teléfono y apretó el celular con fuerza. Sus ojos fríos ardían de odio.
En cuanto encontrara la manera de librarse del veneno, haría que Doris deseara no haber nacido.
***
Doris regresó a la villa, recogió las hierbas que había puesto a secar y las guardó en su habitación, clasificándolas en diferentes cajas de madera.
En ese momento, sonó su teléfono.
Era Sombra.
Seguramente era el informe que le había pedido sobre la situación actual de los negocios de la familia Palma.
Se sacudió las manos y contestó.
—Jefa, ya investigué todas las empresas de la familia Palma como me pediste ayer.
—Actualmente, la mayor parte de los ingresos de la familia Palma proviene de la Compañía Farmacéutica Palma. Sin embargo, en los últimos años, bajo la dirección de Julián, el Grupo Palma ha ido en declive. La compañía no ha lanzado ningún medicamento innovador, mientras que otras farmacéuticas no dejan de presentar novedades y reclutar nuevos talentos para la investigación.
—Con la gestión anticuada y reacia al cambio de Julián, la Compañía Farmacéutica Palma solo enfrentará más dificultades para sobrevivir en el futuro.


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