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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 75

Las palabras de Doris aplacaron un poco la ira de Ricardo.

Sobre todo al pensar en las dificultades que ella debió de pasar sola, dificultades que no habría experimentado si se hubiera criado en la familia Palma.

Tras un momento, su voz sonó seca.

—Fue la madre de Carolina quien las intercambió en secreto, pero Carolina era solo una niña, ella es inocente…

Doris se limpió un oído con el dedo.

—Qué aburrido, siempre con la misma excusa. Si no hubiera sido un plan de su madre, claro que sería inocente. Pero fue su madre quien lo orquestó todo para su beneficio, ¿y aun así dicen que es inocente? Entonces hay mucha gente inocente en este mundo. Los hijos de los secuestradores también son inocentes; al fin y al cabo, sus padres solo roban niños para ganar dinero sucio y darles una vida mejor a los suyos.

—Además, la noche antes de que yo regresara a la familia Palma, tu «inocente» hermana contrató a unos tipos para que abusaran de mí.

—¡Imposible!

—Ja, puedes investigarlo si quieres.

Ricardo se quedó sin palabras. Sus puños apretados se relajaron poco a poco.

—Me humillas para que sienta lo mismo que tú sentiste, ¿verdad?

—Exacto. No existe la empatía verdadera. Es mucho mejor hacer que ustedes, los que hablan sin saber, lo experimenten en carne propia —dijo Doris, sonriéndole radiantemente.

Aunque su sonrisa era deslumbrante, Ricardo solo vio malicia en ella.

—Tranquilízate. El juego apenas comienza. Cuando tu familia lo pierda todo y se quede sin nada, entonces sí que te vas a desesperar —dijo Doris, y se dirigió con aire despreocupado hacia el estacionamiento de la familia Palma.

Ricardo se dio la vuelta y la observó alejarse. Ante sus palabras arrogantes, su mirada ya no era de desprecio ni de ira, sino de una extraña complejidad.

Aun así, no podía creer que Carolina fuera capaz de contratar a alguien para hacerle daño a Doris.

***

Carolina regresó a su habitación para arreglarse e ir a Entretenimiento Estrela. Al mirar por la ventana, vio a Ricardo siguiendo a Doris.

***

—Higinio, ya te lo traje. Pregúntale tú mismo si es verdad que dijo que eras tan amable conmigo solo porque necesitas algo de mí —dijo Doris al llegar al lugar acordado, dirigiéndose a Higinio, que ya la esperaba en la cabaña.

Ricardo, con su pierna lastimada, se había quedado atrás y tardó un poco más en llegar.

Al oír las palabras de Doris, se detuvo y miró a Higinio.

Al cruzar miradas con él, Ricardo se sintió instintivamente nervioso. Pero luego pensó que Higinio ya no era el de antes. Ahora tenía una pierna inútil más que él, y su futuro como heredero de la familia Villar era incierto. ¿Por qué debería temerle?

A pesar de repetirse esto, al enfrentarse a la mirada de Higinio, Ricardo no pudo evitar sentirse derrotado.

Esos ojos, tranquilos como el agua, parecían un agujero negro capaz de arrastrar a cualquiera a un abismo sin retorno.

—¿Es eso cierto, señor Palma? ¿Eso es lo que piensa? —dijo Higinio con una sonrisa serena.

***

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