A Doris, sin embargo, no le importó en lo más mínimo. Al contrario, sonrió con naturalidad y dijo:
—No te preocupes, primo. Para la próxima ten más cuidado, ¿sí?
Enfatizó deliberadamente la palabra «próxima».
Porque estaba convencida de que Patricio no se daría por vencido.
—Lo tendré en cuenta —dijo Patricio, levantando la cabeza y encontrándose con su mirada burlona. Apretó los dientes.
En ese momento, Felipe intervino.
—Julián, Fátima, parece que son ustedes los que necesitan educar a sus hijos para que no vuelvan a avergonzarnos en ocasiones tan importantes.
Julián admitió su derrota.
—Tienes razón, hermano. En casa me encargaré de darle una lección a Patricio. No permitiré que vuelva a actuar de forma tan impulsiva.
Dicho esto, se volvió hacia su hijo y su hija adoptiva.
—¡Llévate a tu hermana a cambiarse de ropa de una vez!
Patricio no dijo nada. Tomó a Carolina de la muñeca y salió a grandes zancadas del salón.
Terminada la escena, Mauro suspiró y se dirigió a Enrique.
—Señor Villar, lamento que haya tenido que presenciar este espectáculo.
Enrique, sin embargo, miró a Doris con una sonrisa de satisfacción.
—No te preocupes. Si no fuera por el lío que armó tu nieto, no me habría dado cuenta de lo inteligente y capaz que es la prometida de mi nieto Higinio. Me ha causado una excelente impresión.
—Que el señor Villar tenga una opinión tan alta de mi nieta es un honor para ella —respondió Mauro, radiante.
Con esto, los invitados confirmaron que Enrique aprobaba públicamente el compromiso entre Higinio y la nueva heredera de la familia Palma.
—Felipe, son los de la familia Benítez.
Felipe asintió y se acercó junto a ella para recibir a los últimos en llegar.
Germán, con las manos en los bolsillos y una expresión de fastidio, no parecía tener el más mínimo interés en la fiesta. Solo por orden de su padre, Benedicto Benítez, intercambió unas palabras de cortesía con Felipe y Tatiana.
Hasta que…
Escuchó una voz femenina familiar desde el centro del salón y su atención se despertó de golpe.
Una vez resuelto el asunto del vestido, Doris, sujetando el dobladillo de su falda, se acercó al frente de la pantalla grande y dijo con confianza y elegancia:
—Esta noche es mi fiesta de bienvenida a la familia Palma. Aunque hubo un pequeño percance, ya está solucionado. Así que espero que todos los invitados disfruten de la comida y la bebida. Más tarde tendremos un espectáculo especial para todos los que han venido a acompañarme esta noche.

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