—Un segundo hijo... Eso no volverá a pasar.
Sentada en el taxi de aplicación, vio que llegaba un video al grupo familiar de Messenger.
Entre los copos de nieve que bailaban en el aire, una pequeña figura sostenía torpemente un helado.
—¡Wow! Mami Susi, este helado está delicioso, ¡pruébalo rápido!
En el video, una mujer se agachaba con ternura y daba un pequeño mordisco.
—¡Qué rico! Víctor, ¿quieres probar? Está muy dulce.
La mirada del hombre, cargada de afecto, no se apartaba del rostro de la mujer. Bajó ligeramente la cabeza y mordió justo en el mismo lugar donde ella había comido.
Su voz, usualmente fría, sonaba con una calidez inusual:
—Mm, muy dulce.
Apenas terminó de ver el video de cincuenta segundos, este fue eliminado.
El siguiente mensaje fue una nota de voz de su hija:
[Ay, me equivoqué, me equivoqué. Jeje, grupo equivocado].
Su suegra preguntó cariñosamente en el chat:
[Tesoro, ¿qué mandaste por error? Mándalo otra vez para que la abuela lo vea, ¿sí?].
Alma cerró los ojos a medias, recostándose en el asiento, sintiendo un sabor amargo en la garganta.
Víctor era extremadamente quisquilloso con la higiene; nunca tocaba nada que ella hubiera mordido antes. Sin embargo, ahora estaba dispuesto a comer lo que otra mujer había probado.
Al pensar que esa "otra mujer" era su cuñada, el estómago de Alma se revolvió.
Dante había muerto en un accidente automovilístico hacía apenas un mes. ¿Tan poco tiempo le tomó a Víctor dejar salir sus intenciones ocultas?
«Grupo equivocado...».
No sabía desde cuándo tenían un pequeño grupo a sus espaldas.
Alma no regresó de inmediato a la casa de los Meléndez; primero pasó por un despacho de abogados.
Había estado desaparecida tres días y nadie en esa casa había preguntado por ella.
Víctor se quedó atónito. Era la primera vez que veía a esta mujer perder el control de esa manera.
Frunció el ceño ligeramente.
—Alma, ¿qué estupideces estás diciendo? Con esa actitud, ¡con razón a Lunita no le agradas!
Alma, con los ojos inyectados en sangre, clavó su mirada en el hombre.
—Ja. ¿Y a quién quiere entonces? ¿A la "mami Susi" que apenas enviudó y ya vino a seducir a su cuñado?
—¡Basta, Alma! ¿Ahora hasta tienes celos de mi cuñada?
Era la primera vez que Víctor se refería a Susana Villegas como "cuñada". ¡Al menos recordaba que era la esposa de su propio hermano!
—Lunita me espera en el comedor, aún no cenamos. Tú —Víctor miró hacia atrás a la mujer de rostro pálido—, quédate aquí y reflexiona sobre tu actitud.
En el instante en que se cerró la puerta, las lágrimas de Alma rodaron por sus mejillas. Se las limpió con rabia y marcó al número de su mejor amiga, Daniela.
—Dani, ¿conoces a algún buen abogado de divorcios?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi marido ama a su cuñada, ¡así que me convertí en su tía!