Simona estuvo trabajando sin descanso en la oficina todo el día. Cerca de la hora de salida, Amanda abrió la puerta y entró.
—Directora Estrada, ¿todavía planea ir al Foro Económico de esta noche?
Sostenía una carpeta mientras hablaba.
—Con la lluvia tan fuerte que está cayendo, es probable que el tráfico esté terrible.
—Iré.
Simona dejó su bolígrafo a un lado.
—Los organizadores ya tienen todo preparado; no sería apropiado ausentarme a última hora.
Amanda asintió y le entregó la carpeta.
—Esta es la lista de los asistentes al foro, para que la revise.
Simona tomó el documento y pasó una página, su mirada se detuvo un instante en el centro de la lista.
Vicepresidente ejecutivo del Grupo Montiel, Cristhian Fonseca.
—Avísame cuando el auto esté listo.
—Sí, señora.
Simona dejó el documento a un lado, tomó de nuevo su bolígrafo y continuó aprobando papeles.
De pronto, la punta del bolígrafo se detuvo levemente. En su mente apareció la escena de la última vez que Cristhian había ido a cenar al Chalet La Brisa Marina.
Llevaba puesto aquel abrigo azul oscuro; sus hombros anchos le daban un aire mucho más maduro.
Ella había comentado de manera casual: «Te queda bien».
Él le había respondido: «Eso significa que me veo muy guapo».
Ese chico... definitivamente no dejaba pasar una.
Simona negó con la cabeza, despejó su mente y siguió con su trabajo.
A las seis de la tarde, la lluvia comenzó a menguar.
Simona se puso una elegante falda a la rodilla de color azul marino y un saco a juego; llevaba el cabello recogido en un moño bajo, resaltando la elegante curva de su cuello.
Amanda la miró por el espejo retrovisor y no pudo evitar comentar:
—Directora, hoy se ve hermosa.
Simona le lanzó una mirada de soslayo y luego se recargó en el asiento cerrando los ojos para descansar.

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