Cuando Simona y Cristhian entraron a la mansión de los Fonseca, la madre de Owen ya los estaba esperando en la sala. Al verlos entrar uno detrás del otro, su rostro se iluminó de alegría.
—¡Hijo desobediente! ¿Cómo se te ocurre regresar sin siquiera avisar?
Cristhian sonrió de lado.
—¿Tengo que pedir permiso para regresar a mi propia casa?
—¡Qué cosas dices!
La señora Fonseca lo miró con reproche, lo tomó del brazo y lo jaló para que se sentara en el sofá.
De inmediato, se volcó en atenciones hacia Simona, ordenando a los empleados que sirvieran té, fruta y postres, mostrando una amabilidad excesiva.
Cristhian solo observaba la escena con una sonrisa a medias que no llegaba a sus ojos.
—Señora Fonseca, por favor no se moleste —dijo Simona—. ¿Dónde está don Hugo?
—Está en el estudio atendiendo una llamada, bajará en un momento —dijo la señora Fonseca, sentándose frente a ella, mirándola como si quisiera decirle mil cosas y no se atreviera.
Simona, sabiendo perfectamente lo que quería decirle, tomó la iniciativa.
—Señora Fonseca, si de lo que quiere hablarme es sobre el asunto entre Owen y yo, sepa que ya lo he pensado muy bien.
Los ojos de la señora Fonseca se llenaron de lágrimas al instante.
—Simona, Owen de verdad sabe que se equivocó. Petra ya se fue, y él te asegura que no volverá a verla. Por favor, dale una última oportunidad.
—Señora Fonseca, el problema no es Petra.
El tono de Simona era completamente tranquilo.
—El problema radica en que Owen nunca me puso en primer lugar. Durante los años que estuvimos casados, siempre que tuvo que elegir entre mí y cualquier otra cosa, jamás me eligió a mí.
—¿Qué sentido tiene que siga en un matrimonio así?
La señora Fonseca abrió la boca para contestar, pero no pudo articular palabra.
Sabía perfectamente que lo que decía Simona era cierto; ella conocía mejor que nadie cómo era Owen.
De pronto, se escucharon pasos en la escalera. Owen estaba bajando y, al ver a Simona, detuvo su marcha por un segundo.
—Viniste.
Simona lo miró sin decirle una palabra.
Owen se acercó y se sentó frente a ella. Tras un largo silencio, por fin habló:
—Simona, sé que me he portado muy mal en el pasado, pero las personas cambian. Dame una oportunidad y te lo demostraré.
—¿Y cómo piensas demostrarlo? —Simona lo miró fijamente—. Owen, hemos estado casados durante tantos años, y tuviste infinidad de oportunidades para demostrarlo, pero nunca lo hiciste.
—Ahora que estamos a punto de divorciarnos vienes a decirme que vas a cambiar, ¿crees que debería creerte?
El rostro de Owen palideció.
—Simona...


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