Mientras tanto, Owen Fonseca monitoreaba las redes para analizar el impacto de su comunicado.
—¡Lo sabía! Simona y el señor Fonseca hacen una pareja increíble, era imposible que se divorciaran.
—Que el señor Fonseca haya salido a desmentirlo personalmente demuestra lo enamorado que está.
—Exacto. ¡Ojalá la señorita Estrada sepa valorarlo y no se deje cegar por el poder!
Owen deslizó el ratón, sin borrar la sonrisa de suficiencia de su rostro.
Un par de golpes sonaron en la puerta.
Jorge, su asistente, entró a la oficina.
—Señor Fonseca, el comunicado fue un éxito rotundo. La opinión pública reaccionó justo como esperábamos. Por ahora, a la señora Simona se le hará muy difícil volver a sacar el tema del divorcio. Además, las empresas que habían pausado sus contratos hace dos días nos acaban de enviar los documentos firmados.
Owen dejó su taza de café y dio unos golpecitos sobre el escritorio.
—¿Hay alguna reacción de los Estrada?
—Hasta el momento no han hecho declaraciones oficiales. Pero nos informan que el señor Leopoldo Estrada ya calmó las aguas por su lado.
Jorge hizo una pausa, buscando las palabras correctas.
—Por otro lado, nos llegó información desde San Boreal... Dicen que Cristhian fue a casa de la familia Vega esta mañana.
Owen frenó el movimiento de sus dedos por un microsegundo.
—¿A la familia Vega?
—Sí. No sabemos de qué hablaron, pero nos aseguraron que Ximena quedó devastada.
Los ojos de Owen se oscurecieron por un instante antes de recuperar su frialdad habitual.
—Entendido. Por ahora, deja de vigilar a Ximena, no es una amenaza.
Jorge asintió y salió sin hacer más preguntas.
La oficina acababa de quedar en silencio cuando la pantalla del celular de Owen brilló. Era un número desconocido.
Sin embargo, Owen lo identificó al instante.

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