Simona apretó el teléfono, manteniendo un pesado silencio.
Al no recibir respuesta, la voz de su abuelo se volvió un poco más autoritaria.
—Simona, ¿entendiste lo que te dije?
—Entendido.
—Ya que consideras que no es el momento, entonces esperaremos —dijo ella, con una calma imperturbable.
El abuelo no esperaba que aceptara tan rápido. Guardó silencio por un segundo, como si tratara de adivinar las verdaderas intenciones detrás de sus palabras.
Finalmente, suavizó su tono.
—Me alegra que seas sensata. No te prohíbo divorciarte, pero si lo haces ahora, será un escándalo perjudicial tanto para ti como para nuestra familia. Cuando esto pase y las aguas se calmen, podrás hacer lo que quieras. No me opondré.
—De acuerdo.
Simona colgó, cortando la conversación de raíz.
Estaba a punto de dejar el teléfono sobre el escritorio cuando notó una llamada perdida.
Era de Benicio Estrada.
Antes de poder devolverle la llamada, el teléfono volvió a sonar.
—Hermana, acabo de aterrizar. Ya estoy en San Boreal —dijo Benicio, con el ruido de los altavoces del aeropuerto de fondo—. Tranquila, a más tardar mañana tendré pruebas firmes sobre la participación de Owen en esto.
Al escuchar la intensidad de su hermano, Simona se frotó la frente por instinto.
—Déjalo. Regresa a casa.
—¿Qué? —Benicio quedó descolocado—. ¿Lo vas a dejar pasar así nada más?
—Ya tengo las pruebas.
—...¿Tan rápido? —titubeó—. ¿Qué encontraste?
—Cris me envió una grabación de una llamada entre Owen y Ximena Vega.
Simona le explicó brevemente la situación.
La línea se quedó en silencio un par de segundos.
—Ese chico sí que se mueve rápido... —comentó Benicio, bastante sorprendido—. Entonces, ¿qué planeas hacer? Con esas pruebas, el abuelo ya no puede prohibirte el divorcio, ¿verdad?
—Ya se las envié.
—¿Y qué dijo?
—Dijo... —Simona repitió las palabras exactas—: no es el momento adecuado para el divorcio.

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