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Mi Novio, Su Salvavidas romance Capítulo 5

Tras decir eso, sin esperar a ver la reacción de Luciano, tomó su pequeña maleta y se dispuso a irse.

De repente, una mano grande le sujetó la muñeca.

En el momento en que Luciano escuchó las palabras «terminamos», su rostro se ensombreció de una manera aterradora. La tensión que emanaba de él hizo que Marco, a un lado, temblara de miedo.

Los ojos oscuros de Luciano la miraban fijamente.

Abril solo le daba la espalda.

Ni siquiera se giró a verlo.

—¿Hablas en serio? —su voz era gélida.

Sabía que lo de la boda la había lastimado, pero ya le había dicho que la compensaría con una ceremonia aún más grandiosa.

¿Por qué seguía con este drama?

Ya tenía suficiente con Simona como para, además, tener que andarla convenciendo a ella.

Abril apretó los puños, su voz firme.

—Muy en serio. ¡Terminamos!

Su tono era definitivo.

Luciano dijo que la boda era solo una formalidad.

Pero para todo el mundo, Luciano se había casado con Simona.

Si ella seguía insistiendo, no sería más que la amante.

Además, ahora veía las cosas con claridad.

Para calmar a Simona, Luciano la dejaría soportar en silencio que la llamaran «la otra».

Y por el lado de Simona, después de haber luchado tanto por esa boda y de haber montado escenas durante tres años, era obvio que no renunciaría a Luciano.

Era un círculo vicioso.

Debió haberse dado cuenta mucho antes.

Debió haberse ido hace tiempo.

Un destello helado cruzó los ojos de Luciano.

—Abril, te daré una última oportunidad. Si insistes en terminar, una vez que salgas por esa puerta, no vuelvas a pensar en regresar.

La paciencia de Luciano se había agotado.

Con Abril, nunca había tenido mucha.

Hoy, sabiendo que la había herido, había decidido rebajarse a detenerla, a darle una salida.

Pero no esperaba que ella no lo apreciara.

Abril se soltó de su agarre con un movimiento brusco.

Una vez libre, tomó su maleta y se fue sin mirar atrás.

—No te preocupes, jamás volveré.

Abril se fue con decisión y elegancia, sin notar el rostro completamente ensombrecido de Luciano a sus espaldas.

Marco, al ver que Abril realmente se iba, se puso ansioso.

—¡Señor, detenga a la señorita Medina! Si usted se lo pide, la señorita Medina no se irá.

—¡Déjala que se vaya!

La voz de Luciano era gélida, su mirada oscura, y en sus ojos se agitaba una tormenta.

—¡Ya veremos qué tan fuerte se cree esta vez!

***

Abril caminaba rápido, pero aun así escuchó las palabras frías e implacables de Luciano.

Una sonrisa de autodesprecio se dibujó en su rostro.

En realidad, era lo que esperaba.

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