DAFNE
Will se estaba poniendo la camisa con prisa, como si la culpa le quemara la piel.
Yo lo observaba desde la cama, tranquila, con una sonrisa lenta. No porque me importara él, sino porque me divertía verlo así. Nervioso. Avergonzado. Asustado.
El mejor amigo de mi hermana, me fastidiaba verlo casi todos los días en la casa. Hasta llegué a sospechar que tenía cierta obsesión conmigo.
—Esto no debió pasar —murmuró, abotonándose—. Se suponía que no iba a pasar otra vez.
Solté una risa.
—¿Otra vez? —pregunté, divertida—. Will, no seas dramático.
Él me miró con los ojos tensos.
—Dafne… yo tengo una novia.
Yo levanté una ceja.
—¿Y la amas de verdad? —pregunté con burla—. Porque si la amaras, no estarías aquí conmigo. Además… yo soy mucho mejor.
Will apretó la mandíbula.
—No entiendes.
—Claro que entiendo —respondí, recostándome—. Tú solo te haces el santo.
Will se pasó una mano por el cabello, desesperado.
—Estoy preocupado —soltó al fin—. Génesis me hizo preguntas raras.
Mi sonrisa se borró un poco.
—¿Qué preguntas?
—Sobre Ana… sobre mí… sobre ti —dijo, bajando la voz—. Me miró como si sospechara algo.
Yo sentí un fastidio profundo. No por Will. Por Génesis, dese su regreso estaba metida en asuntos que no le importaban.
—Odio que haya regresado —murmuré—. Odio sus aires de heroína, como si pudiera resolverle la vida a todo el mundo.
Will tragó saliva.
—Puede descubrir lo que pasa entre nosotros.
Mi mirada se volvió fría.
—Entre nosotros no pasa nada —dije—. Lo que pasa aquí se queda aquí. Cuando salimos de esa habitación, todo se olvida. ¿Entendido?
Will soltó una risa amarga.
—Eso dijiste la vez anterior… y la vez anterior a esa.
Lo miré con dureza.
—Haz silencio.
Will bajó la mirada, como si supiera que discutir conmigo era inútil.
Yo agarré mi bolso y me puse de pie con calma.
—Para mí esto es diversión —le aclaré—. No lo conviertas en drama.
Will se quedó quieto mientras yo me arreglaba el vestido. Me acerqué y bese su mejilla.
—No entiendo cómo pudiste estar tanto tiempo con la tonta de Leyla —solté, acomodándome el cabello—. De verdad no lo entiendo.
Will no respondió. Y mejor, porque me daba igual. Salí de la habitación.
No entendía por qué con Will había pasado lo que pasó, pero era real: había química. Nos encontramos una noche en el bar del Club Fantasía, fue un “error”, así lo llamamos. Luego ocurrió una segunda vez. Luego una tercera en la misma semana.
Y la verdad era simple: con él la pasaba bien en la cama. Quizá por eso Leyla nunca lo abandonó.
Y al menos no tenía que pagarle nada.
Pero ahora Génesis estaba de regreso, y su presencia ya estaba desordenando cosas. Yo no podía permitirlo.
Decidí regresar a casa.
Ya llevaba varios días fuera y no quería seguir en hoteles. Me cansé del silencio, de las habitaciones ajenas, de los gigolós, de todo. Necesitaba mi terreno. Mi casa.
Conduje hasta la propiedad de mis padres. Al entrar, escuché voces.
Risas.
Un ambiente demasiado alegre para mi gusto. Fruncí el ceño y crucé la sala. Entonces la vi.
Génesis estaba ahí. Y estaba con un hombre. Mi madre, Samantha, me vio primero y sonrió como si no hubiera pasado nada.
—¡Dafne! —exclamó—. Llegaste justo a tiempo. Ven, tienes que conocer al novio de Génesis.
Mi cuerpo se tensó.
¿Novio?
Mi madre se acercó y me tomó del brazo, obligándome a acercarme.
—Él sí vale la pena —añadió, mirándome con intención. Yo sostuve la sonrisa, pero por dentro sentí ganas de romper algo.
Génesis me miró. El hombre también sonrió y extendió la mano.
—Mucho gusto —dijo—. Soy Danilo.
Yo estreché su mano con una sonrisa hipócrita perfecta.
—Encantada —respondí—. Felicidades, hermanita.
En mi mente, mientras lo veía, solo pensé una cosa: este hombre se ve fácil de conquistar. Se nota que es un vividor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!