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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 99

GÉNESIS

Me quedé afuera de la cárcel con el cuerpo tenso y la mente revuelta. No podía dejar de pensar en Dafne.

En la Dafne que lloró diciendo que Ethan era el amor de su vida. En la Dafne que suplicó, que se arrodilló, que se golpeó el pecho jurando que no podía vivir sin él, que estuvo a punto de quitarse la vida por él.

¿Y ahora?

Ahora esa misma Dafne entraba a la cárcel como si fuera dueña del infierno. Como si Ethan fuera un animal que ella podía ir a mirar cada vez que le diera la gana. Era imposible no ver lo evidente.

Dafne lo metió ahí. O al menos, Dafne sabía exactamente quién lo metió.

—Génesis —la voz de Danilo me sacó del vacío—. ¿Estás bien?

Lo miré.

¿Bien?

No, no estaba bien.

—No —respondí con sinceridad—. No estoy nada bien.

Danilo me observó con preocupación, pero no insistió.

A unos metros, Deivyd caminaba de un lado a otro como un león enjaulado. Se pasaba las manos por la cabeza, murmuraba cosas, se negaba a sí mismo con rabia. Tenía la cara de un hombre que entendió demasiado tarde dónde debía haber buscado.

—Soy un imbécil… —lo escuché decir—. ¿Cómo no se me ocurrió? ¿Cómo…?

Danilo lo miró y luego volvió a mí.

—¿Ese es…?

—Es Deivyd —respondí—. El mejor amigo de Ethan.

Deivyd se detuvo de golpe y caminó hacia nosotros.

—¿Esta ahí? —preguntó Deivyd.

Asentí.

—Necesito verlo, hablar con mi amigo.

Tomé por el brazo a Deivyd.

—Eso es imposible, por razones que desconozco nadie puede ver a Ethan.

—Tenemos que avisarles —dijo de inmediato, sin respirar—. A Vanesa y a Ashly. Ellas… ellas han estado viviendo en una pesadilla. Tienen que saber que Ethan está aquí. Aunque no podamos verlo.

Yo asentí.

—Hazlo —le pedí—. Por favor, hazlo ya.

Deivyd no dijo nada más. Sacó el teléfono y se alejó, caminando rápido.

Danilo se quedó conmigo. Y aunque no me dijo nada, yo sentí su mirada encima. Esa mirada de hombre que quiere entender qué clase de problema acaba de meterse con una mujer como yo.

—Ven —dijo al fin—. Súbete al carro.

No tenía fuerzas para discutir. Lo seguí. Subimos a su auto. Yo me senté en el copiloto. Danilo arrancó sin preguntarme a dónde ir, como si supiera que yo no estaba en condiciones de tomar decisiones.

Condujo unos minutos en silencio.

Hasta que lo soltó.

—Ok… ahora sí. Explícame —pidió—. ¿Qué pasa con ese tal Ethan? ¿Qué relación tiene con Dafne… y contigo?

Me quedé mirando por la ventana. No quería hablar. Pero tampoco podía seguir guardándomelo todo. Necesitaba ayuda y él era el único en quien podía confiar en este momento.

—Ethan es el esposo de Dafne —dije por fin.

Danilo frunció el ceño.

—¿El esposo? ¿Tu hermana está casada?

—Sí —respondí—. O estaba. No sé qué se supone que es ahora.

Respiré hondo.

—A Ethan lo acusaron de robar dinero a las empresas Wood. Dijeron que se robó seis millones y que huyó. Dijeron que abandonó a Dafne. Dijeron que desapareció.

Danilo me miró de reojo.

—¿Y no es verdad?

Negué.

—No. Todo indica que fue una trampa. Y ahora… ahora sé que él está en la cárcel.

Danilo guardó silencio un segundo.

—¿Y por qué le crees a él? —preguntó al fin—. ¿Por qué le crees al tal Ethan y no a tu familia?

Me quedé quieta. No respondí. Danilo me miró con más intensidad.

—Génesis…

Yo seguí callada. Entonces Danilo soltó la pregunta que me atravesó.

—¿Ethan es el padre de tus hijos?

Sentí un golpe en el pecho. Me quedé inmóvil. Mis manos fueron directo a mi vientre. Asentí. Danilo no dijo nada al inicio. Solo apretó el volante más fuerte.

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