GÉNESIS
Fui a la sala de reuniones intentando respirar hondo. Todavía tenía la frase de mi padre retumbando en la cabeza: “Dafne tendrá oficina aquí.”
No era solo la sorpresa. Era lo que significaba. Dafne nunca había querido la empresa. Dafne siempre dijo que ese mundo era aburrido, de “viejos”, de “hombres feos con corbata”. Entonces… ¿por qué ahora?
Cuando entré, ahí estaba ella.
Sentada como si la sala le perteneciera, con una carpeta en la mesa y el celular en la mano. Levantó la mirada y sonrió como si yo fuera una visita incómoda.
—Qué rápido te adaptas —le dije sin saludar.
Dafne cruzó las piernas con calma.
—Estoy en mi empresa, Génesis. Yo puedo sentarme donde quiera.
Me acerqué y dejé mi bolso sobre una silla.
—Explícame algo —dije con firmeza—. ¿Por qué ahora te interesa la empresa?
Dafne puso cara de inocente.
—Estoy cansada de modelar —respondió—. Ya me aburrí de desfiles y de gente falsa.
Solté una risa baja.
—¿Y la empresa no tiene gente falsa?
Dafne me miró con frialdad.
—También tengo derecho a estar aquí. Soy una Wood. No solo tú.
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió. Mi padre entró con una sonrisa que no le había visto en días. Venía feliz de verdad.
—Me alegra verlas aquí —dijo—. Estoy muy feliz de que mis dos hijas ahora sean parte de la empresa.
Yo no respondí. Dafne sí. Y mintió con una facilidad impresionante.
—Justamente, papá —dijo con una sonrisa perfecta—. Génesis me estaba felicitando por unirme.
Lo miré incrédula. Mi padre se vio emocionado.
—Eso me gusta —dijo—. Quiero unidad. Quiero que trabajen juntas.
Yo apreté los dientes, pero no dije nada. No iba a pelear ahí. En ese momento, Leyla entró… y detrás de ella venía Noha.
—Génesis —dijo Leyla, y luego miró a mi padre—. Señor Matías.
Noha se acercó y extendió la mano.
—Mucho gusto, señor Wood —saludó—. Noha Hall.
Mi padre lo estrechó con una sonrisa educada.
—Un placer —respondió Matías—. Leyla me habló de usted, igual que Génesis.
Yo aproveché para hacer la presentación oficial.
—Papá, él es Noha Hall, el socio con el que trabajamos en Australia —dije—. Ha venido a conocer la empresa.
Mi padre se iluminó.
—Eso es excelente. Tenemos mucho de qué hablar.
Dafne nos observaba con esa sonrisa falsa de siempre. Luego soltó un comentario que me puso tensa.
—Ahora entiendo —dijo, mirando a Noha de arriba abajo—. ¿Por qué te gusta tanto el mundo de los negocios, hermanita? Si aquí hay muchos hombres guapos…
Lo dijo con una intención clara. No era un halago. Era una provocación. Leyla dio un paso adelante.
—Porque también se necesita cerebro —respondió, seca—. No solo cara bonita.
Dafne giró hacia ella con una sonrisa venenosa.
—¿Cerebro? —repitió—. Entonces no entiendo qué haces tú en negocios.
Leyla abrió los ojos.
—¿Perdón?
—Si tanto hablas de cerebro… —continuó Dafne— …deberías demostrar que tienes uno.
Leyla se acercó un poco, con los puños apretados.
—Tú no tienes derecho de hablar de eso, Dafne. Tú solo sabes posar y abrir las piernas…
—¡Leyla! —la interrumpí de inmediato, alzando la voz.
Se hizo un silencio tenso.
Mi padre parpadeó, incómodo. Noha se quedó serio. Dafne sonrió como si estuviera disfrutando.
—Basta —dije, mirando a Leyla y luego a Dafne—. No vamos a hacer un show.
Mi padre reaccionó rápido y se dirigió a Noha.
—Disculpa —dijo, con vergüenza dirigiendose a Noha
Noha levantó una mano, calmado.
—No tiene importancia —respondió—. Estoy acostumbrado a… ambientes intensos.
Mi padre soltó una risa nerviosa y luego se enderezó, tomando el control.
—Me interesa hacer lazos empresariales —dijo Noha—. Con Génesis y con usted.
Mi padre sonrió, feliz por volver al terreno que dominaba.
—Entonces venga a mi oficina —invitó—. Platiquemos con calma.
Y se lo llevó. Leyla se quedó mirando a Dafne con rabia. Dafne se acomodó el cabello como si nada.
—Me voy —anunció—. Tengo cosas que hacer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!