ETHAN
Llevaba cuarenta minutos caminando de un lado a otro frente a la puerta de la habitación. Cuarenta minutos que se sentían como cuarenta horas.
—Si sigues caminando así vas a hacer un agujero en el suelo —dijo Deivyd.
No le respondí. Revisé el teléfono por décima vez. El mensaje de Génesis seguía ahí, claro y directo: "Antes de que Ana declare, necesito que mi padre escuche la verdad de su boca. Vamos para allá".
Vamos. Eso significaba que Matías venía con ella. Que Génesis le había contado algo, o todo, o lo suficiente para que ese hombre aceptara venir hasta aquí. Y eso me ponía más nervioso que cualquier sala de juntas, cualquier negociación, cualquier enfrentamiento que hubiera tenido en mi vida.
Matías Wood me creía un ladrón. Un prófugo. El hombre que le robó seis millones de dólares y desapareció el día de su propia boda. Mirarlo a la cara sabiendo que él me odiaba por algo que nunca hice era una cosa. Mirarlo a la cara sabiendo que yo era el padre de los hijos de su hija era otra completamente distinta.
Desde adentro de la habitación, la voz de Ana interrumpió mis pensamientos.
—¿Podrían traerme un poco de agua? Por favor.
Deivyd me miró. Yo asentí.
—Voy yo —dijo, y caminó hacia el fondo del pasillo.
Me quedé solo con Ana. Abrí la puerta y la vi sentada en la misma silla de siempre, con las manos retorciendo un pañuelo que ya estaba destruido. Me miró con ojos suplicantes.
—¿Ya vienen? —preguntó.
—Ya vienen.
—Tengo miedo, Ethan.
—Lo sé. Pero vas a estar bien.
Mi teléfono sonó. Miré la pantalla: Leyla. Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí.
—Leyla.
—Todo está listo para la declaración —me informó—. El abogado ya tiene preparados los documentos. Cuando Ana firme, se activa el proceso legal. ¿Cuánto más van a tardar?
—Necesito que esperen un poco. Génesis viene con su padre. Quiere que él escuche a Ana antes de que esto se haga oficial.
—Entendido. Pero no tarden demasiado, Ethan. Cuanto más esperemos, más riesgo hay.
—Lo sé.
Colgué y me recargué contra la pared. Respiré hondo. Una vez. Dos veces. No sirvió de nada. Los nervios seguían ahí, instalados en mi pecho como un animal que no quería irse.
No tuve que esperar mucho.
Los vi al fondo del pasillo. Génesis primero. Detrás de ella, Matías, con un paso más lento. Y al final, Will, con la mirada baja y las manos en los bolsillos.
Génesis me miró al llegar. Solo un segundo. Pero en ese segundo me dijo todo: "Estoy aquí. Estamos juntos en esto. No te suelto".
Matías me miró también.
—Señor Wood —saludé con un gesto.
Matías no respondió. Se limitó a asentir con sequedad y entrar a la habitación. Entramos todos. Deivyd ya estaba adentro con el vaso de agua que Ana sostenía con ambas manos como si fuera lo único que la mantenía anclada a la realidad.
Ana levantó la mirada y vio a Matías. Después a Génesis. Después a Will. Y empezó a llorar. Le temblaba todo el cuerpo, los hombros le subían y bajaban en espasmos y las lágrimas le caían sobre las manos que ya no podían sostener el vaso.
—Yo no quería hacer nada malo —gimió entre sollozos—. Yo necesitaba el dinero. Me aprovecharon. Se aprovecharon de mí, de mi situación, de todo. Yo solo quería salir adelante y ellos me usaron.
Matías la observaba con una seriedad que imponía. Se acercó un paso, se agachó ligeramente para quedar a su altura y le habló con una voz firme pero sin crueldad.
—Ana, necesito que me expliques quién fue la persona que te contrató. Necesito nombres. Necesito la verdad.
Génesis se acercó también.
—Ana, no tengas miedo —le dijo—. Estás a salvo aquí. Nadie va a hacerte daño. Solo necesitamos que digas la verdad.
Ana las miraba a los dos con los ojos desorbitados, como un animal que ve las puertas de la jaula abrirse pero no se atreve a salir. Abrió la boca. La cerró. Tragó saliva. Y entonces hizo algo que me heló la sangre.
—Perdón —susurró, mirando al suelo—. Perdónenme. Pero yo no puedo mentir.
Levanté la cabeza.
—Entonces di la verdad, Ana —le exigí—. Deja de mentir de una vez.
Ana me miró con los ojos llenos de lágrimas y negó con la cabeza.
—No, Ethan. No puedo seguir con esto. —Se giró hacia Matías y su voz salió quebrada pero clara—. Señor Wood, estos hombres me secuestraron. Ethan y Deivyd me trajeron aquí a la fuerza y me han obligado a mentir. Me dijeron qué decir, me amenazaron, me…
—¡Eso es mentira! —espeté, dando un paso hacia adelante.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!