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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 121

GENESIS

Llegamos al hospital minutos después. Ethan caminaba a mi lado. No me había soltado la mano desde que salimos del Club Fantasía. Al cruzar las puertas de la sala de espera, vi a mis padres y supe lo que tenía que hacer.

Estaban sentados en las sillas de plástico del fondo. Mi padre tenía los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos. Mi madre estaba a su lado, con los ojos hinchados y un pañuelo hecho pedazos entre los dedos. Se veían rotos. Completamente rotos.

Me detuve y solté la mano de Ethan.

—Voy a ir con ellos —le dije—. Pero necesito hacerlo sola.

—Estoy preocupado por ti, Génesis. Por ti y por los bebés. Acabas de pasar por algo que…

—Estoy bien —lo interrumpí, apretándole la mano una última vez—. De verdad. Dame unos minutos.

Ethan asintió a regañadientes. Caminé hacia mis padres. Mi madre levantó la cabeza al escuchar mis pasos y en cuanto me vio se puso de pie de golpe.

—¡Génesis! —corrió hacia mí y me tomó por los brazos, revisándome de arriba abajo con esa desesperación que solo tienen las madres—. ¿Estás bien? ¿Estás herida? ¿Te hicieron algo?

—Estoy bien, mamá. No me pasó nada.

—¿Segura? —insistió, palpándome los hombros, los brazos, como si buscara una herida invisible—. Deberían revisarte. Necesitas atención médica. En tu estado no puedes…

—Mamá, estoy bien.

—No, Génesis, escúchame. Tenemos que revisar el embarazo. Necesitan hacerte un ultrasonido, asegurarse de que los bebés estén bien. El estrés, los disparos, todo eso puede afectar a los…

No terminó la frase.

Porque en ese momento mi padre se puso de pie. No me miró. No dijo una palabra. Simplemente se levantó de la silla y caminó hacia el pasillo opuesto, alejándose de nosotras.

Lo vi irse y sentí como si me hubieran metido la mano en el pecho y me la hubieran cerrado alrededor del corazón.

—Dale tiempo —me dijo mi madre—. Está procesando mucho.

No respondí. ¿Qué iba a decir? ¿Que mi padre acababa de enterarse de que le mentí durante meses? ¿Que el hombre al que él consideraba un ladrón era el padre de sus nietos? ¿Que su otra hija estaba en un quirófano con una bala en el brazo y dos disparos en su conciencia?

—¡Génesis!

Me giré. Leyla venía corriendo por el pasillo con los ojos desorbitados y el pelo volando detrás de ella. Noha la seguía a paso rápido, Leyla se lanzó sobre mí y me abrazó con tanta fuerza que casi me saca el aire.

—¡Pensé que estabas herida! —exclamó, separándose para mirarme la cara y después el cuerpo, igual que había hecho mi madre—. Ethan me llamó y solo me dijo “hospital” y “disparos” y casi me muero en el camino. ¿Estás bien? ¿Los bebés están bien?

—Yo estoy bien —le dije, tomándola de los hombros—. Pero Dafne, Will y Ana no.

Leyla parpadeó.

—¿Will?

—Will recibió una bala. En el costado.

El color le desapareció de la cara.

—¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué pasó?

—Todo fue un caos, Leyla —empecé a contar, y mientras lo hacía sentí que revivía cada segundo de esa pesadilla—. Ana apareció con un arma. Apuntó a todos. Dafne la provocó, le gritó cosas horribles, la empujó al límite. Ana quiso dispararse a sí misma, pero después cambió de opinión y le disparó a Dafne. Will se interpuso. Recibió una bala que iba para ella. Y Dafne… Dafne le quitó el arma a Ana y le disparó dos veces.

Leyla se llevó las manos a la boca.

—Dios mío.

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