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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 125

Encontramos a Ethan en el pasillo del segundo piso del hospital. Estaba de pie, recargado contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada en el suelo. Deivyd estaba a su lado, sentado en una silla de plástico, con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos.

Me acerqué a Ethan. Él levantó la mirada y lo vi. El hombre más estratégico que yo conocía, el que siempre tenía un plan, el que nunca se permitía mostrar debilidad, estaba roto.

—Se acabó —dijo con una voz que sonó hueca—. La única persona que podía demostrar mi inocencia está muerta, Génesis. La única testigo. La única prueba viva. Se fue.

Lo abracé. Lo abracé con fuerza, rodeándole la cintura, apretando mi cara contra su pecho, sintiendo cómo su corazón latía demasiado rápido, demasiado fuerte.

—No se acabó —le dije contra su camisa—. Escúchame. Vamos a buscar la manera. Tenemos los videos, tenemos la declaración de Herrera, tenemos los registros financieros. Ana era importante, sí. Pero no era lo único que teníamos. Vamos a limpiar tu nombre, Ethan. Te lo juro.

Ethan me apretó contra él. Hundió su cara en mi cabello y lo sentí respirar hondo, llenándose de algo que yo esperaba fuera esperanza.

—No puedo perderte a ti también —murmuró.

—No vas a perderme.

Nos quedamos así. Abrazados en un pasillo de hospital, con Leyla y Deivyd a unos metros,

Hasta que una voz nos separó.

—Génesis.

Me solté de Ethan y me giré.

Mi padre estaba de pie al final del pasillo. Tenía el traje arrugado, la corbata floja, ojeras que le envejecían diez años y una expresión que nunca le había visto. No era la del empresario. No era la del padre autoritario. Era la de un hombre que ha dejado de pelear contra la verdad.

—Necesito hablar contigo —dijo—. A solas.

Miré a Ethan. Él asintió con un gesto breve. Le apreté la mano y caminé hacia mi padre.

Caminamos en silencio hasta una pequeña sala de espera vacía al final del pasillo. Mi padre se sentó. Yo me senté frente a él. Y antes de que él pudiera hablar, hablé yo.

—Papá, necesito que sepas que Ethan es inocente. Todo lo que te dije en la sala de juntas es verdad. Cada documento, cada prueba, cada testimonio. Ethan nunca robó nada. Ethan nunca huyó. Fue víctima de una trampa y yo necesito que me creas, que…

—Génesis —me interrumpió, levantando una mano.

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