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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 155

NOHA

—Dos semanas —dijo Alec, levantando dos dedos frente a mi cara—. Dos semanas de relación oficial y Leyla te mandó a volar. Tiene que ser un récord mundial, Noha. Deberíamos llamar a Guinness.

—No te estoy pidiendo que te burles. Te estoy pidiendo que me ayudes.

—¿Ayudarte? Hermano, tú no tienes salvación. Te lo digo como amigo que te quiere y como hombre que ha visto cómo destruyes cada oportunidad que esa mujer te da con una consistencia que es casi admirable.

Estaba sentado en el sofá de Alec, con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos. La corbata azul que Leyla me devolvió la noche anterior seguía en el bolsillo de mi chaqueta. No me la había sacado. No sé por qué. Tal vez porque era lo último que ella me había dado, aunque fuera para devolvérmelo.

—Le mandé girasoles —dije—. Esta mañana. Al trabajo.

—¿Y?

—Los tiró a la basura. Karen me lo contó.

Alec soltó una risa que intentó disfrazar de tos.

—Perdón —dijo, limpiándose los ojos—. Es que la imagen de Leyla Wilson tirando tus girasoles a la basura es poesía pura. Esa mujer es una obra de arte.

—Alec.

—Lo siento. Sigo. —Se sentó frente a mí y compuso una expresión seria que le duró aproximadamente cuatro segundos—. Mira, Noha. Te lo advertí. Te dije que Claire en tu casa iba a traerte problemas. No porque Claire sea mala persona. Sino porque Claire es tu exmujer. Y tener a tu exmujer viviendo contigo mientras intentas construir algo con otra mujer es como intentar nadar con un ancla atada al tobillo. No funciona. Por más buenas intenciones que tengas.

—Solo estoy ayudando a una mujer que es golpeada por su pareja —respondí—. Lo haría por cualquiera.

—Pero Claire no es cualquiera —dijo Alec—. Es la mujer con la que estuviste casado. La mujer que te engañó. La mujer que te rompió en pedazos y te dejó con un trauma hacia las modelos que casi te cuesta a Leyla. No es cualquiera, Noha. Y Leyla lo sabe. Y tiene razón.

—¿Leyla tiene razón?

—En todo. Absolutamente en todo. Tú la dejaste sola en la reunión más importante de su carrera para ir corriendo a resolver un problema de Claire que las dos enfermeras que le pagaste podrían haber manejado perfectamente. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Que te aplaudiera? ¿Que te dijera "no te preocupes, cariño, ve con tu exmujer, yo me quedo aquí celebrando sola"?

No respondí. Porque no tenía respuesta. Porque Alec tenía razón. Porque Leyla tenía razón. Porque todo el maldito mundo tenía razón excepto yo, que llevaba semanas creyendo que podía equilibrar a Claire y a Leyla en la misma balanza sin que ninguna se cayera.

—¿Qué hago? —pregunté.

—Hechos, Noha. Leyla te lo dijo anoche. Hechos. No flores, no palabras, no declaraciones de amor en pasillos. Hechos que le demuestren que ella es tu prioridad. Y eso empieza por resolver la situación con Claire de una vez por todas.

Me levanté del sofá. Me despedí de Alec con un apretón de manos que él convirtió en abrazo.

—No lo arruines más —me dijo al oído—. Porque si pierdes a Leyla, no va a haber otra.

—Lo sé.

Llegué a mi casa pasadas las diez de la noche. Todo estaba en silencio. Las luces del pasillo apagadas. La cocina vacía. Un silencio que debería haber sido tranquilo, pero que me puso en alerta inmediata.

Las enfermeras no estaban.

Las dos enfermeras que contraté para cuidar a Claire las veinticuatro horas no estaban en la casa.

El primer pensamiento que me cruzó la cabeza fue el peor: el exmarido de Claire había regresado. Había entrado a la casa, se había deshecho de las enfermeras y ahora estaba adentro con ella.

Sentí la adrenalina dispararme por las venas. Caminé rápido por el pasillo, con los puños cerrados y el corazón acelerado.

Empujé la puerta sin tocar.

Y lo que vi no fue lo que esperaba.

Claire estaba de pie frente al espejo del baño, con la puerta abierta, completamente desnuda. Acababa de salir de la ducha. Tenía el pelo mojado cayéndole por los hombros.

Me detuve en seco. Giré la cabeza de inmediato.

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