Entrar Via

Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 156

Leyla

Mi oficina olía a café frío y a ambición.

Llevaba tres semanas encerrada en esas cuatro paredes y ya las sentía más mías que mi propio apartamento. La pizarra blanca estaba cubierta de notas con letra que solo yo podía descifrar: nombres de proveedores, paletas de colores, tallas, porcentajes de mercado, fechas de entrega.

El escritorio era un campo de batalla de carpetas, muestras de telas y vasos de café vacíos. Y en el centro de todo, mi computadora con las hojas de cálculo que se habían convertido en mi nueva obsesión.

El proyecto de ropa inclusiva estaba tomando forma. Ya no era una idea en una presentación ni un discurso apasionado frente a socios escépticos. Era algo tangible. Tenía proveedores confirmados, un catálogo preliminar con treinta diseños y un equipo pequeño pero comprometido que incluía a dos diseñadoras que Génesis me ayudó a reclutar y una asistente de producción que resultó ser más eficiente que yo en mis mejores días.

Y lo más importante: tenía modelos. Pero no las de siempre. No las que yo conocía de las pasarelas, con cuerpos que parecían esculpidos por algún algoritmo de perfección genética. Mis modelos eran mujeres reales.

Eran hermosas. Todas. De una manera que la industria llevaba décadas ignorando.

Estaba revisando las pruebas de fotografía del catálogo cuando escuché los golpes en la puerta de mi oficina.

—Adelante —dije sin levantar la mirada.

La puerta se abrió y entré un hombre al que yo no había visto en mi vida.

Alto. Moreno. Traje gris oscuro cortado a medida que le sentaba como si hubiera nacido dentro de él. Cabello peinado con esa casualidad que solo se logra con treinta minutos frente al espejo. Mandíbula definida. Ojos verdes. Y una sonrisa que destilaba la confianza de alguien que sabe exactamente el efecto que produce al entrar a una habitación.

En otra época, en otra vida, ese hombre me habría puesto nerviosa. Pero yo ya había aprendido que los hombres guapos con trajes caros y sonrisas perfectas eran los más peligrosos de todos. Ethan me lo enseñó con su historia. Noha me lo confirmó con la suya.

—¿Señorita Wilson? —preguntó, tenía un acento difícil de ubicar. ¿Británico? ¿Australiano con algo de británico?

—Soy yo. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Mi nombre es Derek Ashford. —Extendió una mano que yo estreché por cortesía—. Soy inversor en el sector de moda y lifestyle. ¿Tiene unos minutos?

—Depende de para qué.

Derek sonrió. Se sentó en la silla frente a mi escritorio sin esperar a que lo invitara.

—Escuché sobre su proyecto en una cena de negocios hace unos días —dijo, cruzando las piernas con elegancia—. Ropa para la mujer real. Tallas inclusivas. Diseños que no sacrifican estética por comodidad. ¿Es correcto?

—Es correcto.

—Me interesa mucho. —Se inclinó hacia adelante—. He invertido en varias marcas de moda emergente en Europa y Asia, pero nunca he visto una propuesta como la suya. La mayoría de las marcas que se dicen "inclusivas" se limitan a fabricar las mismas prendas en tallas más grandes. No diseñan para esos cuerpos. No los entienden. Usted sí.

Levanté una ceja. No porque no me gustara lo que decía, sino porque me gustaba demasiado. Y cuando algo suena demasiado bien, mi instinto de mujer que ha sido engañada más veces de las que quisiera admitir se activa como una alarma.

—¿Cómo se enteró de mi proyecto? —pregunté—. Todavía no hemos hecho lanzamiento público.

—El mundo de las inversiones en moda es más pequeño de lo que parece, señorita Wilson. Los proveedores hablan. Los distribuidores hablan. Y cuando una propuesta como la suya empieza a moverse, la gente correcta se entera.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!