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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 160

Leyla

Mi oficina parecía la escena de un crimen cometido por una papelería.

Carpetas por todas partes. En el escritorio, en la silla de visitas, en el suelo, apiladas contra la pared como pequeños rascacielos de papel que amenazaban con derrumbarse al menor estornudo.

En un lado, los documentos del proyecto: presupuestos, contratos con proveedores, muestras de telas, fotografías del catálogo, correos impresos de los distribuidores italianos. En el otro, los preparativos de la boda de Génesis: listas de invitados, opciones de floristas, menús de catering, muestras de manteles que todas se veían iguales pero que aparentemente no lo eran

Mi proyecto y la boda de mi mejor amiga estaban acabando con mi poca cordura. Dormía cuatro horas. Comía frente a la computadora. Me había puesto la misma blusa dos días seguidos y esperaba que nadie lo notara.

La puerta se abrió sin que nadie tocara. Solo una persona en el mundo entraba así a mi oficina.

—Leyla, tienes una cara horrible —dijo Génesis desde el umbral,

—Gracias. Tú también te ves encantadora

—Estoy cansada, Génesis —admití, recostándome en la silla—. El proyecto, la boda, los proveedores, Derek, los catálogos. Es demasiado para una sola persona.

—¿Y Noha? ¿No te ha ayudado?

—Sí. Ha ayudado. —No quería darle crédito en voz alta, pero la honestidad me ganó—. Me consiguió la reunión con Bellini, reestructuró mi autonomía en la empresa y canceló una reunión con Meridian Capital para venir a mi presentación sin que yo lo supiera.

Génesis levantó las cejas con una sonrisa que yo conocía perfectamente: la de una mujer que quiere gritar “te lo dije” pero se contiene por elegancia.

—¿Ya se reconciliaron?

—No.

—Pero…

—No nos reconciliamos. Pero me ha puesto el camino más fácil. Eso es todo lo que voy a decir al respecto.

—Necesito pedirte un favor —dijo, cambiando de tono. Es sobre Ashley.

Levanté la mirada.

—¿Ashley?

—Está de vacaciones. Vanessa y Ethan creen que debería aprovechar el tiempo haciendo algo productivo en lugar de pasarlo con sus amigos. Y yo estoy de acuerdo.

Vi hacia dónde iba esto y no me gustó.

—No, Génesis. No voy a cuidar niñas.

—No es una niña. Tiene diecinueve años.

—Es la hermana de Ethan. Si le pasa algo bajo mi supervisión, tu marido me mata.

—Mi futuro marido. Todavía no nos casamos. Y no te va a matar. Solo necesito que le des una oportunidad. Que la pongas como tu asistente. Que le asignes tareas, que le enseñes cómo funciona el mundo real. Hazme ese favor, Leyla. Por favor.

—Está bien —cedí—. Que venga mañana a primera hora y…

—Ya está afuera.

—¿Qué?

—Está en el pasillo. Esperando.

Abrí la boca. La cerré.

—Gracias, Leyla. Te debo una.

—Me debes diecisiete. Pero quién cuenta.

Génesis se levantó, me dio un beso en la frente que olía a talco de bebé y salió de la oficina. Treinta segundos después, Ashley entró.

Llevaba jeans, una camiseta con un logo de banda que yo no conocía, zapatillas deportivas y una mochila que le colgaba de un hombro. Parecía más lista para un festival de música que para una oficina.

—Hola, Leyla —saludó.

—Hola, Ashley. Siéntate.

Se sentó frente a mi escritorio con la rigidez de quien espera un interrogatorio.

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