Era una tonta, por venir a este sitio.
Más tonta por creer que un desconocido vendría a conocerme.
—Todas las hermosas damas, caminen hacia el pasillo que se encuentra detrás de mí y escojan una habitación... —Todas las mujeres empezaron a caminar, incluyendo a Leyla; al parecer había convencido a Will.
—Leyla ¿Estas segura de esto? —cuestioné
—¡Claro que sí! Esto es algo nuevo, y estoy segura de que nuestra relación saldrá más fortalecida.
Mi amiga caminó y vi cómo entraba a una habitación. Empecé a caminar por el pasillo buscando una habitación; casi al final encontré una que me llamó la atención, por su gran ventana.
Entré y sí que estaba buena la habitación: una cama grande, un sillón también enorme y a su lado un par de copas con una botella de champagne. Esto sí que era lujo. Me serví una copa, mientras esperaba al desconocido. Recibí otro mensaje de Felipe.
“Génesis, responde, por favor, sé que estás enojada conmigo, perdoname”
No pensaba responderle a este estúpido; me había dejado plantada, burlada y humillada. Qué bueno que no le había dicho nada a nadie de mi encuentro. Miré mi reloj; ya habían pasado más de diez minutos y, al parecer, hasta para esto tenía mala suerte, estaría sola por una hora.
«Bueno, más champagne para mí». Me serví otra copa y seguí observando por la ventana. No era la mejor vista como esperé, pero era mejor que estar viendo una pared.
—¡Hola, osito de goma! —Sentí mi piel erizarse por completo; reconocía esa voz. Me giré y me encontré con su estúpida sonrisa arrogante.
— ¿Qué… qué haces aquí?
—¿Qué crees? Al parecer esta era la única habitación libre para mí.
—Todo esto tiene que ser una broma. —Caminé hacia la puerta, giré la perilla, pero no fue posible; la jalé varias veces, pero era inútil.
—Recuerda las reglas: una hora para hacer lo que queramos.
—No pienso quedarme aquí y sobre todo no haré nada contigo. —Seguía en mi intento por abrir la puerta.

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