Nadie, absolutamente, nadie puede subestimar a una mujer XL.
Caminé hacia mi chaqueta, me agaché y la levanté del suelo.
Sentí como un par de manos me abrazaba por la cintura. —¡No! Lo que pasa es que ellas sí tienen sangre en sus venas —susurró en mi oído; una de sus manos subió, hizo a un lado mi cabello y sentí como sus dientes daban una pequeña mordida en el lóbulo de mi oreja. Todos mis poros fueron abiertos; ese gesto había elevado mi temperatura; me contuve de no gemir por esa sensación.
Sus manos se trasladaron al botón de mi falda, lo desabrochó y bajó parte del cierre. Me giré de inmediato.
—¿Sangre? Para mí es solo agua; esas mujeres son frías por todos los lados que las veas —mencioné, mientras llevaba mis manos a su corbata y la aflojaba de su cuello. La solté y la lancé al suelo. No tenía idea de lo que estábamos haciendo, pero ambos lo disfrutábamos.
Sus manos se introdujeron entre mi falda, ocasionando que esta cayera al suelo y quedara solo con el body negro; sus ojos me recorrieron por completo.
—¿Acaso te refieres a tu hermana? —cuestionó, mientras se acercaba y pasaba sus manos por mi ancha cintura y me atraía a su cuerpo. Esto se estaba poniendo cada vez más caliente, pero no iba a echarme para atrás.
—Por favor, ¿en serio la amas? —Mis manos subieron hasta sus hombros, las metí dentro de su saco para sacarlo de su cuerpo, quedando solamente con una camisa blanca y su pantalón azul. Todo esto estaba mal, pero tenía sensaciones que en este momento nublaban mi razón y conciencia.
—Lo que siento por ella va mucho más allá que amor —susurró en mi oído, bajó un poco y su nariz se ubicó en mi cuello, acariciaba esa área mientras sentía como succionaba mi fragancia. Iba a gemir, juro que me estaba aguantando de no hacerlo; no podía demostrar lo mucho que me estaba encantando lo que hacía con su nariz.
Me soltó y se alejó con una sonrisa triunfante.
—Tal vez interés —mencioné, me acerqué a él y lo empujé hacia el sillón que estaba en la habitación; él no iba a ganar esta vez. Me senté a su lado y me acerqué tanto, que nuestros labios estaban a tan pocos centímetros. —¿Quién utiliza sus mejores estrategias en una empresa que no es suya? —musité cerca de su boca.
Hasta me sorprendía de lo que hacía; yo no era así. Atrevida, coqueteando con un hombre y que ese hombre fuera el prometido de Dafne.
Un movimiento, solo un movimiento más y nuestras bocas estarían unidas; lamí mi labio inferior y terminé con una mordida en él. Miré a Ethan, quien parecía tener un debate. Interno, sus ojos viajaron a mi boca y después regresaron a mi mirada; se notaba algo nervioso. En mi interior me sentía triunfante.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!