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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 31

Salí del lago y subí a lo más alto; me encontré con Génesis casi vestida, me dio una mirada recorriendo todo mi cuerpo. Carraspeó y siguió acomodando su ropa.

—Entonces, ¿todo está bien? —cuestioné, mientras empezaba a vestirme. Solo quería que las cosas entre ella y yo estuvieran bien.

—¡Sí, claro! Si tú olvidas lo de la noche en el Club Fantasía, yo olvidaré lo que vi en el baño. —Me parece un trato justo. —Ahora entendía, ella solo quería olvidar lo que había pasado en aquella habitación; se sentía culpable por haber coqueteado con el prometido de su hermana de esa manera. Eso significaba que yo representaba algo para ella, tal vez tentación y querer probar lo prohibido.

—Me parece justo —terminé. Ella empezó a caminar hacia el auto y yo le seguí. Listo, todo estaba arreglado entre ella y yo; no volvería a mencionar el club Fantasía y todos estaríamos felices.

Creo que era un buen trato; al menos Génesis ya no estaría a la defensiva y me convenía, a ninguno de los dos nos convenía que eso se supiera; además, ni loco iba a tener algo con Génesis, nunca, no iba a meterme con la hermana de mi prometida. Fui un estúpido al besarla en dos ocasiones, pero eso no pasaría; era un hombre con un carácter muy impulsivo y con Génesis me volvía aún más. Así que ella tenía razón, lo mejor era tener distancia.

Llegamos al auto y subió en el asiento trasero; yo subí en el asiento de piloto y la vi por medio del retrovisor. Estaba con su móvil, sus dedos se movían sin parar como si respondiera mensajes. La miré por unos instantes; no tenía maquillaje y su cabello estaba algo alborotado, pero aun así ella se veía muy bien.

Sacudí mi cabeza y revisé mi móvil; me llevé la sorpresa al encontrarme con mensajes de mi madre.

“Tenemos que hablar”

“Es sobre tu hermana”

¿En qué problemas estaría metida mi hermana? Mi madre solo me escribía cuando ella ya no podía detener las rebeldías de mi querida hermana menor. Pero no podía llamarla en este momento. Génesis estaba muy cerca de mí.

“Te llamaré en cuanto me encuentre desocupado”, respondí, guardé mi móvil y regresé mi mirada hacia Génesis, quien sonreía como tonta en la pantalla de su móvil. Tal vez era su admirador secreto, ese estúpido con sobrenombre ridículo, Mr. Domisol.

—¿Qué tipo de labial usas? —pregunté; ella me miró extraña.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—Nada, olvídalo. —Era un estúpido por hacer ese tipo de preguntas.

A los pocos minutos, llegó la ayuda, revisaron mi auto, cambiaron el neumático y revisaron que todo estuviera a la perfección. Una hora después nos encontrábamos en casa de mis suegros. El camino fue silencioso, yo enfocado en el camino y Génesis en su teléfono, y no sabía por qué me incomodaba. Al llegar, ella solo salió del auto y se dirigió a su casa, ignorándome por completo, como si yo solo fuera chófer.

—¡Mi amor! —Dafne fue la primera en recibirme, tomó mis labios y me dio un beso apasionado—. Pero, ¿qué pasó contigo? Tu ropa y tu cabello…

—Tuve un problema en la carretera, esperé más de dos horas para que llegaran en mi ayuda; yo traté de solucionar el problema, pero no fue posible.

—Pobre de mi amor, debió ser una tortura pasar todo ese tiempo con mi hermana. —Me asombré de que supiera que estaba con Génesis. —Mi padre nos contó que se había ido a una reunión importante.

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