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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 34

—¿Y qué pasará si dijera que estoy celoso? —Esto tenía que ser una broma, si en definitiva era eso.

—¡Que eres un loco desquiciado! ¿Sabes qué? Creo que ya ha sido demasiado el día de hoy; ya estás delirando. ¡Ahora dame mi teléfono! —Intenté quitárselo, pero él retrocedió.

—Ya no eres una chiquilla, Génesis, no puedes confiar así de sencillo.

—Ethan, yo sé lo que hago, y aunque no lo supiera, no es asunto tuyo. Déjame recordarte que tu prometida es Dafne Wood y no yo —recriminé.

—¿Sabes que? tienes mucha razón, mucho trabajo ha fulminado mi cabeza; haz lo que quieras. —Extendió su mano y me devolvió el móvil. —Solo quiero que llegue el momento para decirte que te lo dije, bueno, si no es muy tarde y encuentran tu cuerpo desmembrado en un bosque.

Tomó su saco y regresó a su silla. Estaba enojado, pero tenía que dejar las cosas en claro; él se estaba tomando atribuciones que no le corresponden. Me lancé al sillón; yo también estaba frustrada. En estos momentos solo deseaba estar en aquel lago; sentía tanta paz al estar allí, sin problemas, sin presiones; en definitiva, tenía que regresar a ese lugar tan maravilloso.

El olor a comida me motivó a levantarme. Tomé un plato de comida y lo llevé hasta donde él se encontraba; me dio una mirada de asombro. —No soy una malagradecida y es mejor que te apresures a comer; aún tenemos mucho que hacer. —Ethan solo bufó y tomó su plato de comida; yo regresé hacia la mesa y empecé a comer.

De vez en cuando lo miraba de reojo; estaba muy concentrado en la computadora, mientras llevaba comida a su boca. Era increíble que, incluso haciendo esto tan común, él se viera como un modelo de revista.

«Mente fría, Génesis, es el novio de tu hermana».

Trabajamos un par de horas después de la comida, pero ya todo fue diferente: Ethan, más frío de lo común, concentrado en la pantalla de la computadora, a lo que no entendía su mal humor; solo fui sincera con él. Incluso después de terminar, solo tomó su auto y se fue.

«Bueno, ¿qué esperaba? Que me abriera la puerta de mi auto o que se ofreciera a llevarme».

El siguiente día fue más pesado; debíamos hacer la presentación y formar las carpetas. Las horas habían pasado tan rápido, que ni siquiera había tenido el tiempo para hablar con Will. Estaba segura de que le pasaba algo y él quería contármelo. Pero solo terminaría con esta reunión e iría en busca de él.

—Muchas felicidades —habló mi padre—. Han hecho un excelente trabajo; sabía que ustedes eran un gran equipo. —Ethan aún seguía frío conmigo; se limitó únicamente a Hacer las preguntas necesarias estos días y a responder con monosílabos ante mis interrogaciones. Pero bueno, no entendía por qué tenía que afectarme su frialdad. —¿Quién hará la presentación? —inquirió mi padre.

—¡Yo! —respondimos al unísono Ethan y yo; mi padre nos vio confundidos

—Tiene quince minutos para decidir quién hará la presentación. Es el tiempo en que todos estarán esperando en la sala de juntas. —Mi padre se retiró dejándome a solas con un muy enojado Ethan.

—Yo lo haré, soy la vicepresidenta y me corresponde por derecho y jerarquía —espeté

—Estás muy equivocada, yo haré esa presentación, ahora es mi turno —intervino—. Tú lo hiciste la vez anterior.

— Esto no se trata de turnos, Ethan, sino de hacer esto lo mejor posible.

— ¡Y yo puedo hacerlo! —intervino. Ninguno de los dos daría su brazo a torcer, pero no iba a permitir que Ethan hiciera esa presentación; esta era mi oportunidad para demostrarle a mi padre que yo era capaz de llevar las riendas de la empresa. Este mundo empresarial era muy cruel y a veces tenías que hacer cosas a las que no estabas acostumbrada para lograr tu objetivo.

—Está bien, la harás tú —él sonrió victorioso—. Pero antes ve por la última carpeta que hace falta; está en aquel pequeño armario —señalé. Ethan caminó hacia ese lugar. Aproveché un momento de su distracción y cerré la puerta. Ese era un pequeño cuarto que tenía en mi oficina con estantes y carpetas.

—¡Génesis! ¿Qué sucede? No puedo abrir la puerta...

—¿Qué? ¿Cómo? Eso no es posible —dije con ironía.

—¡Abre la puerta, Génesis! — Vociferó

—¿Estás seguro? Busca el seguro.

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