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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 35

ETHAN

¡Me has declarado la guerra, Génesis Wood!

—Veo que todo salió mejor de lo que se esperaba —comenté a Matias

—Todo salió perfecto, se nota que Génesis es mi hija, tiene una habilidad para esto…

—Sí me he dado cuenta de eso, estos días; ella es una mujer muy habilidosa. —Estuve unos minutos saludando y conociendo un poco a los presentes. En cuanto tuve la oportunidad, me salí de la sala de conferencia para ir en búsqueda de Génesis; no tenía idea de lo que iba a hacer, pero si de algo estaba seguro es que no iba a ser nada bueno.

Estaba muy enojado con ella. Entré a su oficina, pero no la encontré; dijo que estaría aquí. Miré hacia el pasillo, pero tampoco se encontraba; regresé y vi algo extraño, una silla en el suelo, cerca de la puerta en donde estaba aquel armario. Me acerqué y la levanté; escuché un quejido dentro de aquella habitación, me acerqué e intenté abrir, pero era inútil.

—¿Qué rayos? —¿Quién está dentro? —cuestioné; algo bloqueaba la puerta

—¡Ayu…da! —esa era…

—¡Génesis! —logré abrir un poco la puerta y vi que ella estaba tirada en el suelo—. ¡Génesis! ¿Qué te sucede? ¡Génesis! —empujé la puerta con todas mis fuerzas y entré. Me arrodillé y levanté su cara. —¡Génesis, ¿qué te pasa? ¡Responde!

—E...than —susurró.

—Sí, soy yo… vamos, despierta. —Su cuerpo estaba desmayado—. ¡Ven, vamos! ¡Despierta! —golpeé su rostro de manera leve para tratar de despertarla, pero al parecer era inútil; noté que se le dificultaba respirar.

Saqué fuerza desde mi interior para poder moverla y sacarla de ahí; la llevé al sillón que estaba en la oficina y la recosté. —¡Génesis! Vamos —vi cómo su pecho volvía a moverse. La levanté un poco, mientras quitaba el saco que traía puesto.

¿Y si le daba respiración boca a boca? Bueno, no sabía de primeros auxilios, pero si era funcional en el agua, aquí también podría funcionar.

—¡E...than! —susurró mi nombre; no tenía idea de porqué, pero sentí mi corazón acelerarse al escuchar nuevamente mi nombre salir de su boca.

Génesis lanzó una bocanada de aire y empezó a llorar. Parecía una niña pequeña derramando lágrimas sin parar. Nunca la había visto así. Algo dentro de mí se conmovió, me acerqué y la abracé, sentí como ella tomaba mi camisa con manos en puños.

—¡Ya, tranquila! —Acaricié su espalda; ella no paraba de llorar, incluso sentí como mi cabeza estaba mojada debido a sus lágrimas. Pero no me importaba; en estos momentos, lo único importante para mí era que Génesis se sintiera bien. Ella se aferraba cada vez más a mí; mientras la apretaba con mis brazos, sentía su cuerpo temblar, al mismo tiempo que sollozaba. Pasé los dedos de mi mano en su cabello; aún no lograba entender lo que le pasaba.

Sentí como su cuerpo se relajaba entre mis brazos; al parecer estaban funcionando mis caricias. Su fragancia a cereza inundaba mis fosas nasales; a pesar de la condición en la que se encontraba, ella olía tan bien.

—¿Génesis? ¡Dios mío! ¿Qué sucede? —Leyla entró a la oficina—. ¿Qué le hiciste a mi amiga? —reclamó.

—¡No le hice nada! La encontré desmayada en aquel armario —señalé.

—¡Dios santo! ¡¿Génesis, estás bien?! —Leyla se arrodilló a su lado.

—¿Qué sucede con ella, Leyla?

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