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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 55

GÉNESIS

—Que te has metido en mi corazón y no quiero que salgas de ahí. ¡Génesis Wood, me has hechizado y me tienes locamente enamorado!...

Quedé: Helada, impactada, enmudecida, conmocionada y cualquier cosa que significara quedarse petrificada en un lugar. No podía pronunciar palabra ante lo que decía Ethan. Menos de veinticuatro horas había tenido un licuado de sentimientos: primero mi enojo contra Ethan, después la pérdida del contrato, seguido de la alegría de estar con mi novio, los nervios de que se quedara en mi casa… ¡Y ahora esto!

—¡¿Me estás jodiendo?! —espeté, mientras me levantaba de la cama—. ¡Esto es una broma de mal gusto! —Tenía que ser una broma, solo quería burlarse de mí, pero no iba a caer en sus juegos.

—¡No es una broma, Génesis! —vociferó. Se puso en pie y se acercó; retrocedí, pero topé con el respaldo de mi cama.

—¡Claro que lo es! Pero, ¿sabes?, yo no voy a caer en tus juegos. Tú… tú no puedes estar… eso que dices que estás…

—¡Enamorado! —finalizó por mí, porque yo ni siquiera podía pronunciar esa palabra. —¡Lo estoy!, aunque no lo creas, y no te culpo, porque ni siquiera yo mismo lo entiendo.

Él sonaba tan seguro en sus palabras, pero era para mí tan difícil creer eso así.

—¡Esto es una locura! Tú no puedes tener esos sentimientos, ¡eres el prometido de Dafne! ¡Mi hermana! —puntualicé lo último.

—¿Y piensas que no lo sé? Pero no podía seguir con esto dentro de mí, necesitaba que lo supieras —se acercó y tomó un mechón de mi cabello; yo estaba congelada entre el respaldo de mi cama y él. Sentía mi corazón acelerado y mis pulmones presionados. ¿Qué rayos pasaba conmigo? Ni siquiera con Felipe, el hombre que se supone que me gusta y con quien debía tener estas sensaciones.

—¿Y qué quieres ahora? —cuestioné, me hice a un lado y regresé a mi cama—. No puedo corresponder a lo que sientes.

—¿Por qué? —¿Porque de verdad amas a tu noviecito o solo por ser el prometido de tu hermana? —¡Muy buena pregunta! Pero no tenía una respuesta.

—¡Por ambas, Ethan! —me excusé—. Tengo novio, su nombre es Felipe, y con quien estoy muy feliz. Él era un gran hombre; el día de ayer me había esperado con un hermoso ramo de flores, fuimos a bailar y, por último, a cenar. Cada momento con él fue grandioso, me la pasé bien... —Pero no tengo por qué darte explicaciones; además, tú solo eres para mí un insoportable, odioso, estúpido e idiota…

—¡Bésame! —ordenó, mientras se sentaba frente a mí.

—¡¿Qué?!… ¿Estás loco? ¡No voy a besarte!

—Si no sientes nada por mí, pues unir nuestros labios será como besar una roca. No tienes nada que perder.

—¡No siento nada por ti! y no tengo por qué demostrarte nada, mis palabras son más que suficientes.

Se quedó mirándome de manera fija, esperando que cambiara de opinión, pero no iba hacerlo.

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