Me sentía nerviosa; teníamos cinco minutos que habíamos llegado a casa, pero aún estábamos en el auto. Yo aún me debatía si entraba o no.
—Todo estará bien —habló Felipe, con quien no estaba nada contenta, ya que no se había renegado de venir.
—¡Tú no conoces a mi familia! Inclusive este no era el momento adecuado para que te conozcan; me parece demasiado pronto.
—Todas las familias tienen algo malo, no existe la perfección en ningún lado.
Ya lo sabía, pero no era el momento; apenas teníamos una semana de novios y, con la declaración de Ethan en la mañana, no tenía idea de lo que nos podía esperar allá adentro, aunque no creía que fuera tan evidente; si es que sus palabras eran ciertas, no creía que fuera tan tonto para hacer alguna escena allá adentro.
—Espero que todo salga bien —mencioné, al mismo tiempo que bajaba del auto. Felipe hizo lo mismo, rodeó el auto y tomó mi mano. Caminamos hacia la puerta principal y lo llevé directo a la sala.
—Me alegra ver que ya están aquí —mencionó mi padre. Él se encontraba solo en la sala
—¿Y mamá? — cuestioné
—Ella está por bajar; cuando le dije que traías un invitado, subió corriendo a cambiarse, dijo que tenía que usar la ropa adecuada para recibir las visitas; ya conoces a tu madre. —Sí, una mujer perfeccionista, tratando la manera de dar la mejor impresión; tal vez ella pensaba que Felipe era un gran empresario.
Nos sentamos en los sillones, mientras esperábamos a mi madre. Felipe tomó mi mano y la apretó; era como un gesto de apoyo.
—Cuentáme Felipe ¿A qué te dedicas?
—Soy maestro de música y recién estoy en un proyecto para formar parte de la Facultad de Arte de la universidad en mi ciudad. —Su respuesta me pareció extraña, bueno, tal vez no tanto así, sino que sonaba como si fuera algo automático que tenía en su boca, como un discurso que te aprendes, ya que con las mismas palabras me había respondido a mí.
—¿Y tus padres?
—Mis padres tienen una ferretería; dos de mis hermanos los ayudan a ese negocio.
Yo ni siquiera conocía esos detalles de la vida de mi novio; creo que era momento de preguntar y hablar de esos temas entre nosotros. Él conocía mi vida, pero yo de él muy poco.
A los pocos minutos escuché un par de tacones trabajando por los escalones; de seguro se trataba de mi madre.
—Buenas noches —saludó. En efecto, se trataba de mi madre. Venía con un vestido negro y tacones dorados, un vestuario muy elegante para mi gusto. Mi novio venía vestido de manera casual: jean, playera y Vans. Felipe fue el primero en ponerse de pie y acercarse a mi madre.
—Buenas noches, señora —saludó, tomó la mano de mi madre y depositó un beso. Ella solo lo miró de arriba a abajo, como si le hiciera un escaneo. —Soy Felipe…
—Es el novio de Génesis —intervino mi padre.

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