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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 60

Tomás estaba ahí parado, con una mirada extraña.

—Tienes prohibido entrar a este lugar y mucho menos a mi oficina —aunque tal vez no era mala idea que estuviera aquí; hoy estaba demasiado enojada y necesitaba sacar esta frustración contra alguien.

—No seas exagerada, solo vine de pasada y quería saludar a mi exnovia.

—¡Exacto! Exnovia, la hermana de tu amante, por si no te acordabas de ese detalle.

—¡Y no tienes idea de lo que me arrepiento! Tú no fuiste la única herida en todo esto.

—¡Lo que tú y Dafne me hicieron, no se compara con lo que provocaron en mí! —reclamé; cada vez que recordaba, Tómas solo me provocaba odio.

—¡Yo también sufrí un corazón roto! A pesar de los años, ni siquiera he podido olvidarte; tenía la esperanza de que tú tampoco lo hicieras, pero veo que no es así, ya que tienes un nuevo noviecito.

—¿Tú cómo sabes eso? —acusé; se suponía que solo Leyla, Will y mi familia sabían sobre esto y ellos no le pudieron haber contado, a menos que… —¿Te sigues viendo con Dafne? ¡Ella te lo dijo!

—¡No! Ella no me dijo nada…

—¡Estoy segura de que fue ella, nadie más pudo hacerlo! ¿Sabes qué, Tómas? Mejor vete; el día de por sí ya ha iniciado mal; ya conoces la salida.

—¡Tienes razón! Solo quería hablar y saber si era cierto que hay alguien más en tu vida.

—Pues sí, estoy enamorada y he decidido darme una oportunidad con él; deberías hacer lo mismo, lo nuestro quedó en el pasado. —De pronto, Tomas caminó tan rápido hasta mi lugar, se arrodilló y tomó mis manos.

—¡Perdóname, mi amor! Yo de verdad te quiero, fue un error, Dafne nunca me importó, ella era la que me seguía, me escribió varias veces, me enviaba fotos provocativas, ¡Soy hombre!

—Tus excusas, ya no son válidas. Si Dafne hacía todo eso, debiste decírmelo, pero no, fuiste y te acostaste con ella.

—¡Lo sé y me arrepiento! —Él seguía arrodillado—. ¡Yo quería una familia contigo!, que fueras la madre de mis hijos, tener ese hogar del que siempre hablamos. —Mis ojos empezaron a aguarse ante sus palabras. —Aún podemos serlo. Si me perdonaras, seríamos felices, tendríamos tal vez dos o cuatro hijos, ¿te imaginas pequeños con nuestros rasgos? —Las lágrimas empezaron a desbordarse de mis ojos; todo lo que decía me hacía demasiado daño. —¿Qué dices, mi amor? ¿Quieres ser mi esposa y la madre de mis hijos?

Me solté de su agarre y me puse de pie. —¡Vete, Tómas! —exigí—. ¡No quiero verte!

—¿Pero Génesis? Sé que podemos cumplir ese sueño. —Una furia empezó a envolver todo mi cuerpo; necesitaba explotar y sacar esto que me estaba agobiando.

—¡Nunca podremos tener una familia! ¡Escuchas, Tómas! ¡Nunca!

—¡Te juro que nunca volveré a ver a otra mujer en mi vida, tú serás la única para mi…!

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