—¿Cuándo tomas decisiones por mí sin consultarme? —reclamé a Dafne; nos encontrábamos en nuestra habitación. Estaba furioso, ya que ella había elegido la fecha de una boda de la que ni estaba seguro si se llevaría a cabo. Después de la noticia de Dafne, Génesis salió de la mano de ese imbécil de Felipe; Samantha y Matías nos felicitaron, pero yo solo quería que todo esto terminara.
—¡Nunca te han interesado los detalles de la boda! Me dijiste que yo hiciera todo con mi madre, ¡y así fue! Además, es la única fecha disponible para el salón.
—¡Pero no era necesario decirlo en la cena! Podía ser en otro momento…
—¡Lo hice porque toda mi familia estaba presente! Génesis casi no está presente en las cenas, así que aproveché el momento… Por cierto, el novio de mi hermana es muy guapo. —Fruncí el ceño—. Pero no tienes por qué ponerte celoso, para que sigas siendo el más bello de todos… —Era un maldito por hacerle creer a Dafne que aún la quería o que sentía algo por ella, cuando en realidad mi corazón y mis deseos eran hacia su hermana. Quería encontrar el momento perfecto para terminar todo esto.
—Olvida todo esto, mejor voy a dormir. —Fui directo al baño para quitarme la ropa de oficina, ya que sentía que me sofocaba; necesitaba sacar todo, necesitaba terminar con todo. Si fuera en otras circunstancias, estaría feliz; mi objetivo era casarme con Dafne, ser uno de los hombres más poderosos, tener mucho más dinero.
Pero ahora todo eso ya no me importaba, solo quería estar al lado de mi gordita, mi osito de goma, pero existían tantos obstáculos; si tan solo ella me diera una esperanza para estar juntos, dejaría todo por ella, incluidos mis sueños.
Salí del baño y mi sorpresa fue encontrarme a Dafne sobre la cama, sin ninguna prenda que la cubriera. —¡Ven a la cama, mi amor! —dijo de manera sensual. Siempre admiré el cuerpo de Dafne; me llamó la atención cuando la vi en una fiesta. Recuerdo que esa misma noche tuvimos relaciones sexuales; fue tan fácil convencerla. Se suponía que solo iba a ser una noche, pero al descubrir de quién se trataba, inicié mi plan de conquista.
Pero ahora; ahora todo era diferente, su cuerpo no me provocaba nada, ni siquiera tocarlo. —Dafne, estoy cansado, mañana será un día complicado en la oficina. —Me senté en la cama mientras le daba la espalda a mi novia. A los pocos segundos sentí sus manos sobre mis hombros.
—Yo voy a tranquilizarte; el sexo siempre es un buen relajador. —Ella insistía a la vez que acariciaba mi pecho. Tomé sus manos y las quité de mi cuerpo, me di la vuelta y dirigí mi mirada hacia ella.
—Ya te dije que no quiero y, si no eres capaz de entender, dormiré en otro lado. —Tomé una almohada y busqué una sábana.
—¡Eres insoportable, Ethan! Desde hace semanas que no me tocas. ¿Qué sucede? ¿Hay alguien más? ¿Otra mujer? Necesito que me des una explicación… Has estado demasiado distante conmigo, me equivoqué con esa zorra la otra vez, pero ya mi padre se va a encargar.
—¡Ya basta, Dafne! Tengo suficientes problemas y tú solo me complicas todo. —Caminé hacia la puerta.
—¡Ethan, no, por favor! No quiero que mis padres se den cuenta de que estamos peleando. —Se levantó de la cama y empezó a buscar su ropa—. Voy a cambiarme y no diré nada más… pero, por favor, no te vayas.
Asentí y regresé a la cama. Necesitaba terminar esta relación, encontrar el momento y la excusa perfecta para hacerlo. No era justo para Dafne soportar mis actitudes frías; ella merecía que alguien la quisiera de verdad y yo no podía ofrecerle eso.
(...)
—Buenos días, señor. —Ana, la secretaria de Génesis, entró a mi oficina—. Disculpe que lo moleste, pero el Señor Matías necesita que firme estos documentos. —Se acercó y me extendió una carpeta.
—Creo que le corresponde a Génesis firmar y no a mí.
—Es que ella está ocupada y al parecer estos documentos son importantes para el jefe.
—¿Y qué está haciendo? No creo que sea tan importante como para no firmar… Yo se lo llevaré.
—Bueno… hace varios minutos que un hombre… llegó a su oficina y no sale de allí.
—¿Hombre? ¿Qué hombre? —cuestioné
—No lo conozco… la verdad, no lo había visto, dijo que se llamaba… Tómas, si así es su nombre, es Tómas. —Ese maldito, ¿qué quería ahora? Salí de mi oficina y me dirigí a la de Génesis. Antes de entrar a su puerta, acerqué mi oído a ella para tratar de escuchar lo que sucedía.

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