GÉNESIS
No me imaginaba que en pocas horas Ethan también estaría en esa habitación, declarando su amor otra vez. Me gustaría que no fuera complicado entre nosotros, pero existían tantos obstáculos entre él y yo.
Había momentos en los que quería dejar de ser tan correcta, olvidar el hecho de que él era el prometido de mi hermana y liberar todo esto que sentía por él, porque por más que luchaba contra las sensaciones que me provocaba, mi cuerpo siempre me termina traicionando. Podía negar con mi boca mis sentimientos, pero mi cuerpo no hacía lo mismo.
Tenía que reconocer esto que sentía por él; me negaba a reconocer que él me gustaba e incluso podría estar e… enamorada. Ese beso que nos dimos, para mí era una despedida, era posible que no volvería a probar sus labios otra vez.
—Hola hermanita … —Dafne entró a la habitación; su cara cambió de inmediato cuando vio a su prometido en la misma habitación. —¿Ethan, qué haces aquí? —cuestionó Dafne.
—Vine a ver a tu hermana… quería asegurarme de que estaba bien… —respondió
—Pero no era necesario que vinieras, podrías preguntarle a mi padre o incluso a mí.
—Pero yo quise hacerlo de manera personal… Lo mejor es que nos vayamos para la casa, Génesis está bien y necesita descansar… —Ethan tomó del brazo a Dafne para sacarla de la habitación, pero esta se soltó.
—Necesito hablar con mi hermana; tú puedes irte si quieres. —Se notaba que Dafne estaba enojada; estaba claro que ver a su novio aquí no era de su agrado.
—No voy a dejar a mi amiga contigo —amenazó Leyla—. Ella no puede tener emociones fuertes y tú en definitiva le haces daño…
—¡Tú no me das órdenes! —contradijo Dafne. Leyla quería seguir replicando con mi hermana, pero la detuve.
—Déjanos sola, Leyla, por favor —solicité—. ¡Ethan, por favor! —Se notaba que él no quería irse, pero hablar con Dafne también era importante para mí.
Los dos salieron de la habitación; lo siguiente me tomó por sorpresa. Después de que la puerta fuera cerrada, Dafne se acercó, tomó mis manos y empezó a sollozar: —Perdóname, yo no sabía… en verdad no sabía de tu embarazo. —Sus palabras me asombraron más que sus acciones. —Tómas me lo dijo, fue a buscarme para reclamarme… pero te juro que no quería hacerte daño.
Hacía tanto que no veía a mi hermana así de vulnerable, pidiendo perdón, arrepintiéndose por hacer algo. De cierta manera, sentía lástima verla así. Pero su supuesto perdón también me lastimaba.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!