Ethan
—¿Qué pasa? —respondí al teléfono.
—Ethan… mi mamá… —Mi hermana estaba en la otra línea sollozando.
—¿Qué pasó, Ashly?
—¡Ma...má, la encontré en el suelo desmayada! ¡Ethan, no quiero que se muera!
—¡Ella no va a morir, Ashly! —regañé; necesitaba que mi hermana estuviera en calma, me encontraba demasiado lejos y sus llantos no iban a ayudar en nada. —¿Llamaste a emergencias?
—¡Sí! ¡Ya lo hice! Dicen que en cinco minutos vienen.
—¡Muy bien! ¡Quédate tranquila y espera a los paramédicos! ¡A mamá no le va a pasar nada! Voy a tomar el primer vuelo hacia casa, pero tú sabes que es un viaje largo, así que ayúdame a estar tranquila. —Mi hermana aún era una adolescente que fingía ser adulta, pero ante estas situaciones no tenía la suficiente madurez para comportarse; además, me preocupaba el estado de salud de mi madre, y no quería pensar en lo peor.
—¡Ethan! ¿Y si se muere? Si no llegas a tiempo y si mi madre ya no reacciona…
—¡Eso no va a pasar! Voy a tomar el vuelo más próximo, llévala al hospital y espérame… —Corté la llamada y salí del hospital; no olvidaba a mi gordita, pero ella ya estaba bien y ahora tenía que correr hacia mi familia. Me angustiaba que mi madre no despertara y mi hermana se quedara sola, bueno, no sola, pero no podía tenerla a mi lado.
En el camino le llamé a mi amigo Deivyd para que consiguiera el vuelo más cercano a Australia; mi madre y hermana vivían en ese país, en un pueblito muy humilde, el lugar donde crecí, donde fui feliz, pero también el lugar en que me enseñó que tenía que hacer todo lo que estaba en mis manos para lograr mis sueños.
Llegué a casa a hacer una pequeña maleta porque no tenía pensado pasar demasiado tiempo allí, solo el necesario hasta asegurarme de que mi madre estaba bien. Deivyd me informó que el vuelo más próximo era dentro de cinco horas, así que, no me quedaba de otra que tomarlo. Aunque mi amigo insistió en acompañarme, me negué; quería hacer esto rápido y necesitaba que él se quedara en donde estaba.
—¡Se puede saber! —¿Qué estaba pasando por tu cabeza, cuando encubriste a Dafne? —escuché reclamos que provenían cerca de la habitación, me acerqué a la puerta y escuché que se trataba de Matías.
—¡No quería escándalos alrededor de la familia! —escuché a Samantha.
—¡No tienes excusa! ¡Te he aguantado muchas cosas! ¡Pero esto no! ¿Tienes idea del daño que provocaste en tu hija, en Génesis?
Su discusión giraba en torno a Génesis y Dafne.
—¡Ella es fuerte! ¡Lo ha sido todos estos años!
—¡No tienes justificación, Samantha! Lo que Dafne le hizo a Génesis no tiene perdón... ¡Meterse con el prometido de su propia hermana!
Al parecer, lo que Génesis me contó la otra vez era cierto; sabía que Dafne no era una santa, pero no sabía qué pensar ahora que yo estaba enamorado de la hermana de mi prometida. ¡Maldita sea! Esto se complicaba cada vez más; si los padres de Génesis se enteraban de mis encuentros con Génesis, esto no iba a terminar nada bien. Tenía la excusa perfecta para dejar a Dafne, pero ahora esto no me servía, ya que si lo hacía por ese motivo, no podría estar junto a mi gordita.
Me alejé de la puerta y decidí tomar un baño, antes de salir de viaje; en verdad que necesitaba alejarme de todo esto.
Antes de salir de la habitación con todo en mano, Dafne se apareció. —¿A dónde vas?
—Tengo un viaje de negocios muy importante, así que me voy por unos días.
—¿Viaje de negocios? ¡Esa es la peor excusa que puedas darme! ¡Tengo miles de cosas que hacer con la boda y tú sales corriendo a saber qué!
—¡No estoy para tu humor, Dafne! Y yo que tú retrasaba todos esos preparativos. —Tomé mi maleta y quise salir.

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