Mientras esperábamos, saqué el móvil y revisé el I*******m de Génesis; ella no solía actualizar, pero al menos me gustaba admirar sus fotografías.
—¿A quién ves? —mi hermana me arrancó el móvil de las manos y se lo llevó a su espalda.
—¡Devuélveme el teléfono, Ash!
—Mi hermano Ethan está enaaaamorado…
—¡No sé de qué hablas!
—De tu estúpida sonrisa mientras mirabas el teléfono. De seguro es por esa prometida tuya, con quien te vas a casar.
—¿Quién te dijo que me casaría? —cuestioné; se suponía que ellas no lo sabían.
— Existe algo llamado: Internet —Ella miró mi teléfono— ¡Ey! ¡Esta no es tu novia!
—¡Ash! ¡Dame eso!
—Mmmm, Génesis Wodd… ¡Wood! ¡Wood! He escuchado ese apellido por algún lado. —¡Ya sé! —me devolvió el móvil y sacó el de ella—. ¡El joven empresario Ethan Fox celebra su compromiso con la famosa modelo Dafne Woods! ¡No puede ser! ¡Es la hermana de tu prometida!
—¡No te metas!
—No pensabas decir nada de tu boda; a mamá no le gustará saber que se lo ocultaste. —No quería que mi madre se enterara, porque para mí Dafne no era la mujer de quien estaba enamorado y no quería que mi familia fuera parte de esa mentira.
—¡Más te vale que no le digas nada!
—¡Sabes! Me gusta más esta chica; tu prometida no me cae bien. Se nota que la tal Génesis es… más humana. Además, es muy linda…
—Lo sé… es hermosa, tiene un carácter difícil, pero es de gran corazón… no es nada tímida, siempre hace lo que quiere, es inteligente y ...
—¡Estás enamorado! ¡Mi hermano tiene un amor prohibido! Yo que tú dejaba a esa prometida de plástico y conquistaba a esa gordita sexy.
—Eso no es de tu incumbencia —reclamé
—Te lo digo por tu bien, se nota que estás enamorado de ella y, si quieres ser feliz como lo fueron nuestros padres, deberías luchar por ella. Recuerda que mi papá siempre dijo que debíamos ser valientes, y sobre todo en el amor… ¿Dónde está tu valentía, hermano?
Era increíble que mi hermana rebelde me estuviera dando lecciones de amor y de vida.
Pero tenía razón, mi padre nos enseñó a ser valientes, y yo era un cobarde por no luchar por el verdadero amor, por mi Génesis. ¡Yo no era cobarde y lo iba a demostrar!
Minutos después ingresamos a la habitación de mi madre.
—¡Ethan! Hijo, ¿qué, qué haces aquí?
—Mamá, gracias por el recibimiento.

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