—Despierta mi osito de goma. —Un susurro a mi oído, provocó que despertara.
— Mmmm
—Mi amor, despierta... —"Mi amor". Esas palabras me sonrojaron al instante; seguía con mis ojos cerrados, ya que me sentía avergonzada. —Te ves preciosa con tu rostro avergonzado —pronunció. Sentí sus labios en cada una de mis mejillas y por último en mi boca.
Sentí unas manos traviesas por mi cuerpo. —¡Ethan! aún es muy temprano, quiero seguir durmiendo…
—¿Temprano? Ja, ja, es casi mediodía.
—¿¡Qué cómo que mediodía?! Mi vuelo está muy pronto —intenté levantarme, pero Ethan fue más rápido y se posicionó encima de mí.
—¡Para nada! Tú te quedarás conmigo otro par de días.
—¡Claro que no! ¿Estás loco o qué?
—No, estoy enamorado… y quiero pasar estos días a tu lado… quiero demostrar todo el amor que siento por ti.
—Creo que de eso ya tuvimos el resto de la noche…
—Para mí no es suficiente… así que hazte a la idea de que tardaremos otro par de días en Australia; además, quiero mostrarte la razón de mi viaje. —Su boca tomó la mía y terminamos haciendo el amor otra vez en la cama y, bueno, ¿por qué no en el baño?
Después nos cambiamos y una hora después íbamos en un auto. ¿A dónde? No tenía idea, pero se suponía que era la causa del viaje de Ethan. El viaje estuvo lleno de caricias de parte de él, por lo cual se ganó unas cuantas reprimendas, ya que no se concentraba en el volante.
—Te juro que tengo ganas de estacionar el auto en una arboleda y hacerte el amor ahora mismo.
—¡Ethan! Concéntrate en el camino… y ni siquiera intentes detenerte.
Dos horas pasamos en auto; durante el camino me encontré con hermosos paisajes, sin duda alguna, Australia tiene lugares bellísimos. Me intrigaba a dónde me llevaba Ethan, pero no saberlo lo hacía más emocionante.
Llegamos a una casa; la verdad es que era muy preciosa, tenía un jardín con distintas clases de flores, que daban vida a la residencia. —¿Qué es este lugar?
—Ya lo sabrás… —Tomó una llave y abrió la puerta, al mismo tiempo que tocaba con sus nudillos. Ethan tomó mi mano y entramos a la casa.
—¡Voy! —una voz femenina se escuchó en una de las esquinas. Una mujer con su cabello canoso y un delantal apareció. —¿Pero qué haces aquí otra vez?
—¡Hola, mamá! Para mí también es bueno verte… otra vez —¿Mamá? ¡Se trataba de su madre!
—¡Hermano! ¡Hermano! —la voz de una chica se escuchó desde las escaleras, bajó de prisa y abrazó a Ethan—. Me da gusto verte, creí que ya estabas en un avión —dijo sonriente, pero su gesto se borró al verme—. Mmmm, yo te conozco —dijo, mientras tenía su dedo índice en su mandíbula—. ¡Aaah, ya sé!
—¡Shhh! —silenció Ethan—. Ella es Génesis Wood —me presentó—. Ella es…
—Una compañera de trabajo —intervine—. Mucho gusto…
—¡Ah! Pues soy Vanessa, viuda de Fox, y ella es mi hija…
—Ashly… —intervino la adolescente —Soy la hermana sexy de este tipo tan desagradable —se burló, ya esta chica me caía bien.
—¡No molestes, Ash! La vas a asustar —interrumpió Ethan.
—No sabía que vendrían de nuevo y mucho menos con compañía, hubiese preparado algo especial para comer.
—No te preocupes, mamá, solo estaremos un rato; además, no tenía contemplado traer a mi compañera de trabajo a la casa —dijo con sarcasmo—, pero ya que me la encontré por casualidad, decidí venir con ella para que la conocieran.
—Pues pasen al jardín, yo los alcanzo con jugo y alguna merienda para acompañar. —Ethan me indicó el camino y yo le seguí. Delante de nosotros iba Ashly la hermana de Ethan.
—Debiste decirme que veníamos a ver a tu madre y hermana —musité para que Ash no escuchara.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!