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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 83

GENESIS

4 meses después

—No… no puede ser… —Murmuré con la boca llena, justo cuando estaba a punto de meterme otro chocolate a la boca. Era uno de esos chocolates que se derretían lentamente, dulces, perfectos, peligrosos… y totalmente prohibidos por Leyla.

Como si la hubiera invocado con el pensamiento, la puerta de mi oficina se abrió de golpe.

—¡¿Qué estás comiendo?! —chilló Leyla, y yo casi me atraganto.

Tragué rápido y escondí el chocolate detrás del monitor como si fuera un arma ilegal.

—Nada.

Leyla cruzó los brazos.

—Génesis.

—Es un antojo.

Leyla se acercó hasta mi escritorio y apuntó directo a mi estómago, como si mis bebés pudieran escucharla.

—No lo hago por ti… lo hago por mis sobrinos.

Solté una risa. Ya se notaba.

No era enorme, pero era evidente. Un vientre redondito, suave, precioso… mi recordatorio diario de que la vida podía sorprenderme incluso cuando yo estaba convencida de que ya no merecía nada bueno.

Dos bebés.

Dos.

Todavía me costaba creerlo.

Cuando la doctora me dio la noticia, sentí que el mundo se me partía y se me reconstruía al mismo tiempo. Yo, Génesis Wood… embarazada. Después del accidente, después de tantas malas noticias, después de sentir que mi cuerpo me había traicionado… resultaba que dentro de mí había dos vidas creciendo.

Dos bendiciones.

Y sí… también dos razones para que Leyla se volviera una dictadora.

Había bajado un poco de peso. No una transformación absurda de revista, no. Pero sí lo suficiente para sentirme más ligera, más fuerte, más sana. Aprendí a comer mejor, dejé el cigarro por completo, y cada tarde salía a caminar por el parque, aunque a veces me daban ganas de llorar a mitad del camino.

Australia me había cambiado.

Yo me había cambiado.

En ese instante, tocaron la puerta. Y sin esperar respuesta, entró Danilo con una sonrisa enorme y una caja rectangular en las manos.

—Buenos días, señoritas.

Leyla se giró como un halcón.

—No.

Danilo parpadeó.

—¿No qué?

—No le des eso —ordenó, señalando la caja—. Ni se te ocurra.

Yo abrí los ojos con emoción.

—Danilo… ¿es lo que creo que es?

Danilo levantó la caja como si fuera un trofeo.

—Tus chocolates favoritos.

Leyla soltó un sonido de frustración.

—¡Dios mío! ¿Todos están conspirando contra mí?

—Conspiramos por el bienestar emocional de Génesis —dijo Danilo con tranquilidad, y yo sonreí.

Leyla lo fulminó con la mirada.

—Sus bebés no necesitan chocolates.

—Mis bebés —corregí.

Leyla me ignoró.

—Danilo, lo digo en serio, tú no deberías consentirla.

—Solo son chocolates. —se burló

—Voy a revisar unos informes… antes de que me explote una vena por culpa de ustedes.

—Te va a dar apendicitis de tanto estrés —murmuró Danilo cuando ella salió.

—No bromees con eso —dije, riendo.

Danilo dejó la caja sobre mi escritorio y se sentó frente a mí.

—En serio, un día de estos van a operarla del apéndice. Esa mujer no sabe descansar.

Sonreí, porque era cierto.

Leyla había cambiado muchísimo.

La Leyla que antes vivía de cámaras, pasarelas y fiestas… se había convertido en una mujer de oficina, estricta, organizada, eficiente y demasiado protectora conmigo. Era como si Australia le hubiera despertado otro lado. Uno que siempre tuvo, pero que nunca había querido mostrar.

Danilo era un pequeño socio de la empresa, lo conocí aquí justo en Australia. Pero como este mundo era tan pequeño, Danilo era hermano de Dalia. Exacto, esa misma Dalia a la que Dafne le rompió la nariz.

—¿Vienes con buenas noticias? —pregunté, volviendo al tema serio.

Danilo sonrió como si estuviera a punto de darme el regalo más grande del mundo.

—Excelentes noticias. Noha Hall aceptó ser socio de la empresa —dijo con orgullo—. Va a inyectar el capital que necesitábamos.

Abrí la boca, incrédula.

—¿En serio?

Danilo asintió.

—En serio.

No lo pensé. Me levanté con emoción y lo abracé.

—¡Danilo! ¡Eso es… eso es grandioso!

—Lo sé —rió—. Y te lo dije, Wood. Te dije que aquí íbamos a crecer.

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