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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 84

GÉNESIS

—Espera, Will, te enviaré una dirección para que podamos vernos. —No quería que Will viniera a la empresa, sobre todo por Leyla—. Listo, Will, te he enviado la dirección; te espero allá.

—Perfecto, Génesis, voy para allá.

Busqué mi bolso y mi abrigo. Me levanté de prisa y miré hacia el vidrio de mi oficina como si pudiera ver a Leyla reflejada allí, lista para entrar y comenzar su interrogatorio.

Leyla se había vuelto peor que un detector de mentiras.

Y yo era pésima mintiendo.

Salí sin hacer ruido, como si pudiera escapar de mis propios problemas solo con caminar despacio. Crucé el pasillo, saludé a una recepcionista con una sonrisa falsa y bajé al estacionamiento.

Cuando estuve dentro del auto, me puse el abrigo y lo abroché hasta arriba.

Llegué al restaurante donde cité a Will: un lugar tranquilo, elegante, con música suave y mesas separadas, perfecto para hablar sin que alguien metiera su nariz donde no debía. Me senté en una mesa del fondo, cerca de la ventana, y pedí agua… y dos postres pequeños.

Y aun así, en cuanto vi a Will entrar por la puerta, sentí que algo dentro de mí se encogía.

Ahí estaba.

El mismo Will de siempre. El oso de peluche. El buen amigo. Pero con una diferencia: ya no traía esa sonrisa fácil. Traía tensión en la mandíbula, ojeras y una mirada que gritaba “urgencia”.

—¿Génesis? —dijo al verme, como si no estuviera seguro de que era yo.

Me puse de pie y fui a abrazarlo.

—Amigo… —susurré—. Qué alegría verte.

Él me sostuvo por los hombros y me separó lo suficiente para mirarme.

—Estás… estás preciosa —dijo, sorprendido—. ¿Qué te hiciste?

Y ahí venía lo que temía: sus ojos bajaron un segundo, como queriendo analizarlo todo.

Me acomodé el abrigo con disimulo.

—Comer mejor… y caminar —respondí, restándole importancia—. No es gran cosa.

Will sonrió apenas, pero su sonrisa se apagó rápido.

Se sentó frente a mí. Yo me senté también, cruzando ligeramente las piernas

—¿Cómo va la empresa? —preguntó.

Tragué saliva. Agradecí que empezara con eso.

—Bien —respondí—. Tengo un socio, Danilo, y… hemos avanzado. Conseguimos captar a un inversionista fuerte. Eso nos va a dar un impulso enorme.

—Tú siempre has sido excelente administrando —dijo—. En pocos meses vas a convertir esa empresa en una gigante.

—Eso espero —murmuré, y le di una cucharada al postre como si fuera lo más normal del mundo.

Will dudó un segundo.

—¿Y Leyla? —preguntó al fin—. ¿Cómo está?

—¡Excelente! Ha dejado el modelaje y ahora es una eficiente asistente personal.

—¿Asistente personal? —Will se soprendió—. No puedo imaginarme a Leyla en una oficina. —Sonrió con nostalgia.

—Y es excelente. Muy organizada y todo lo tiene bajo control. —incluida mi vida—. ¿Y tú cómo estás?

—Bien, podría decir que bien. —Mi amigo seguía nervioso y preocupado.

—Will, ¿qué haces aquí? No cruzaste el mundo solo para venir a saludarme.

—Génesis… no debería estar aquí, tenía prohibido buscarte, pero no puedo permitir que las empresas Wood se vayan a la bancarrota.

—¿¡Bancarrota!? ¿De qué estás hablando?

—Las empresas están en serios problemas económicos; tu padre quiso mantenerte al margen de lo que sucedía, pero estoy seguro de que puedes ayudarnos. ES mi último intento para ayudar a las empresas de tu familia.

—Pero… ¡Will, no debiste esperar tanto tiempo! ¡Se puede saber qué es lo que han hecho! ¿Tú y él?

—¿Él? ¿Quién?

—¡Ethan! ¿Qué es lo que ha hecho? —exclamé. Todos en la cafetería me observaron. Traté de calmarme. ¿Cómo que las empresas Wood estaban en bancarrota? ¿Cómo es que mi padre, Will y también Ethan no hicieron nada para pararlo?

—Tu padre va a matarme por todo lo que voy a decirte.

—Habla Will, no quiero cobardías en este momento. —Lo tomé por los cuellos de su camisa y me acerqué de manera amenazante—. Cuenta todo y no me ocultes nada.

Volví a mi lugar; ya me sentía ansiosa y preocupada.

—Tu padre y yo descubrimos que había un espía en la empresa, alguien que pasaba información a nuestros competidores, ese fue el primer golpe para la empresa, lo peor vino después. Ethan y Dafne se casaron, se fueron de luna de miel, fue ahí cuando detectamos algo extraño en las cuentas. Fugas pequeñas. Montos que parecían insignificantes… pero al sumarlos, eran enormes.

—¿Quién le estaba robando a la empresa?

—No estábamos seguros, pero de pronto descubrimos el mayor robo. Seis millones de dólares.

—¡¡¡¡QUÉ!!!!

—Pero esta vez sí teníamos un nombre: Ethan Fox.

—No… —susurré—. No puede ser.

—Génesis…

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